Bibha Chowdhuri: la física que vio el pion años antes que el Nobel que se lo llevó a otro
En 1938 fotografió en placas expuestas en los Himalayas indicios de un mesón nunca antes descrito. Casi una década después, Cecil Powell identificó esa misma partícula con mejores placas y ganó, él solo, el Nobel de Física.
Una placa fotográfica revelada en los Himalayas
En 1938, en un laboratorio del Bose Institute de Calcuta, una física de veinticinco años llamada Bibha Chowdhuri examinaba al microscopio placas fotográficas que habían pasado semanas expuestas al aire libre en dos puntos de los Himalayas: Darjeeling y Sandakphu. Buscaba rastros de partículas subatómicas producidas por los rayos cósmicos al chocar contra la atmósfera. Lo que encontró, y publicó junto a su mentor D. M. Bose en la revista Nature entre 1938 y 1942, eran indicios de una partícula con una masa intermedia entre la del electrón y la del protón: lo que entonces se llamaba genéricamente un mesotrón. Casi una década más tarde, el físico británico Cecil Powell identificó ese mismo tipo de partícula —el pion— con placas mucho más sensibles y con la nitidez suficiente para que el mundo la reconociera oficialmente. En 1950, Powell recibió el Premio Nobel de Física en solitario. Chowdhuri no recibió nada parecido, ni entonces ni en las siguientes seis décadas.
"No tengo ningún proyecto adecuado para una mujer"
Chowdhuri nació el 3 de julio de 1913 en Calcuta, en una familia practicante del Brahmo Samaj, un movimiento reformista hindú que rechazaba el sistema de castas y defendía la educación femenina como principio. Fue la única mujer de su promoción de veinticuatro estudiantes en cursar el máster de Física en la Universidad de Calcuta, que terminó en 1936; según las fuentes disponibles, fue apenas la tercera mujer en obtener un posgrado en Física en esa universidad. Quiso incorporarse después al grupo de investigación de Debendra Mohan Bose, uno de los físicos más respetados del país. Bose, según recoge su biografía, le respondió inicialmente que no tenía "ningún proyecto de investigación adecuado para una mujer". Chowdhuri insistió hasta convencerlo. Fue el punto de partida de una investigación que, años después, estuvo a un paso de cambiarle la vida, y no lo hizo.
La guerra que interrumpió una pista prometedora
Entre 1938 y 1942, Chowdhuri y Bose expusieron placas Ilford a gran altitud para capturar el momento en que los rayos cósmicos, al atravesar la atmósfera, se desintegran en partículas secundarias. El método —fotografía de emulsión nuclear— sería más tarde el mismo que emplearía Powell, pero las placas disponibles en la India colonial de la época tenían una sensibilidad limitada, y el material se volvió aún más difícil de conseguir cuando la Segunda Guerra Mundial cortó buena parte del comercio con Europa. Sus resultados, aunque publicados, fueron menos concluyentes que los que lograría Powell después de 1945, cuando su laboratorio de Bristol trabajó directamente con Kodak para desarrollar emulsiones nucleares mucho más sensibles. En 1947, el equipo de Powell identificó de forma inequívoca el pion cargado. En 1950 la Academia sueca le concedió el Nobel "por el desarrollo del método fotográfico para el estudio de los procesos nucleares y sus descubrimientos sobre los mesones realizados con este método". El comité no mencionó a Bose ni a Chowdhuri, cuyas placas de 1938 habían capturado, con peor resolución pero antes en el tiempo, indicios del mismo fenómeno.
La comparación no es solo simbólica. Patrick Blackett, el propio director de tesis de Chowdhuri en Manchester, había obtenido su Nobel de Física en 1948 —dos años antes que Powell— precisamente por perfeccionar el contador Geiger-Müller y la cámara de niebla aplicados al estudio de la radiación cósmica y la física nuclear, la misma familia de técnicas experimentales en la que Chowdhuri se había formado desde sus años en Calcuta. Trabajar, sucesivamente, bajo la tutela de dos físicos que acabarían vinculados a sendos premios Nobel —Bose, nominado varias veces sin llegar a ganarlo, y Blackett, que sí lo obtuvo— sitúa a Chowdhuri en el centro mismo de la disciplina que la ignoró: no era una investigadora perdida en la periferia de la física de partículas, sino una colaboradora directa de algunas de las personas que definieron el campo en su momento de mayor efervescencia.
Manchester, Bombay, París: una carrera sin techo fijo
Chowdhuri no se quedó estancada tras la guerra. Entre 1945 y 1949 se doctoró en la Universidad de Manchester bajo la dirección de Patrick Blackett —que ganaría su propio Nobel de Física en 1948— estudiando las duchas extensas de partículas atmosféricas; un periódico local llegó a entrevistarla bajo el titular "Conozcan a la nueva científica de la India: tiene buen ojo para los rayos cósmicos". Regresó a la India para incorporarse al recién creado Tata Institute of Fundamental Research (TIFR) de Bombay, donde trabajó bajo la dirección de Homi Bhabha y contribuyó al hallazgo de nuevos mesones K. Las fuentes no coinciden del todo en los detalles de esos años: unas sitúan su etapa en el TIFR entre 1949 y 1957 de forma continua; otras indican que se marchó temporalmente en 1953, antes de aceptar una plaza de investigadora visitante en la Universidad de Michigan en 1954. Lo que sí documentan todas es que, poco después, se trasladó al laboratorio de Louis Leprince-Ringuet en París, donde identificó nuevos mesones K en cámaras de niebla instaladas en los Alpes, publicados en 1957 en la revista italiana Nuovo Cimento. De vuelta en la India, trabajó en experimentos con rayos cósmicos en las minas de oro de Kolar y, más tarde, en el Saha Institute of Nuclear Physics de Calcuta, donde llegó a impartir clases de física en francés, idioma que había aprendido durante su etapa parisina.
El ángulo que casi nadie cuenta: sesenta años de silencio y una estrella
Chowdhuri se jubiló voluntariamente del Physical Research Laboratory de Ahmedabad en los años sesenta, pero nunca dejó de investigar: publicó su último artículo en 1990, en el Indian Journal of Physics, un año antes de morir, el 2 de junio de 1991. Durante casi seis décadas después de sus primeras publicaciones, su nombre apenas apareció fuera de los círculos especializados en historia de la física india. El cambio llegó tarde y por partida doble. En 2018, los historiadores de la ciencia Rajinder Singh y Suprakash C. Roy publicaron la primera biografía dedicada por completo a ella, A Jewel Unearthed: Bibha Chowdhuri, que reconstruyó su trayectoria a partir de archivos dispersos. Un año después, en diciembre de 2019, la Unión Astronómica Internacional bautizó una estrella enana blanco-amarilla situada a 340 años luz, en la constelación de Sextans, con el nombre "Bibha" —"rayo de luz" en bengalí— dentro de un concurso global que invitó a distintos países a nombrar estrellas y exoplanetas recién catalogados. El diario indio The Statesman la describió como "una leyenda olvidada"; el Telegraph tituló, sin rodeos, "la mujer que pudo haber ganado un Nobel".
Por qué esta historia importa hoy
Nada de esto demuestra, con la certeza que exigiría un tribunal científico, que a Chowdhuri "le robaron" el Nobel: sus placas de los años treinta y cuarenta eran menos concluyentes que las de Powell, y la ciencia no suele premiar a quien intuye primero un indicio borroso, sino a quien lo demuestra sin ambigüedad. Lo que sí documenta su historia es algo distinto, y quizá más revelador: que una investigadora capaz de intuir, con equipamiento inferior y en plena guerra mundial, el mismo fenómeno que consagraría a un colega europeo, pasó sesenta años sin que nadie fuera de un puñado de físicos indios recordara su nombre. Ella misma lo resumió mejor que cualquier homenaje posterior: "Es una tragedia que tengamos tan pocas físicas mujeres hoy. En esta época en que la ciencia, y la física en particular, es más importante que nunca, las mujeres deberían estudiar la energía atómica". Lo dijo mucho antes de que una estrella llevara su nombre; hoy, esa estrella sigue siendo, para la mayoría, mucho más conocida que ella.