¿Por qué el Nobel de 1950 no fue para Marietta Blau? La física vienesa que inventó el método que otro vio premiado
Desarrolló la técnica de las emulsiones fotográficas para ver partículas y descubrió las «estrellas de desintegración». En 1938 tuvo que huir de Viena, sus antiguos colaboradores siguieron con su trabajo.
Marietta Blau y el Nobel de 1950: un premio para el método, no para su autora
En 1950, la Academia sueca concedió el Nobel de Física al británico Cecil Powell por desarrollar el método fotográfico para estudiar los procesos nucleares y por los descubrimientos que hizo con él. Ese mismo año, sobre la mesa del comité había otra candidatura firmada por un premio Nobel de 1933, Erwin Schrödinger. Proponía a dos físicas austriacas, Marietta Blau y Hertha Wambacher, y argumentaba que habían sido las primeras en interpretar correctamente las huellas que los rayos cósmicos dejaban en una placa fotográfica. El premio fue para Powell. Blau tenía entonces cincuenta y seis años, vivía en Nueva York y llevaba doce años fuera de su país. La historiadora de la ciencia Ruth Lewin Sime lo resumió, según recoge el Science History Institute, con una idea dura: aquel Nobel remató la expulsión que los nazis habían empezado en 1938. En español casi nadie ha explicado por qué.
Una doctora en Física que trabajaba sin sueldo
Marietta Blau nació en Viena el 29 de abril de 1894, en una familia judía de clase media del barrio de Leopoldstadt. Su padre, Mayer Blau, era abogado y editor de música. Estudió Física y Matemáticas en la Universidad de Viena entre 1914 y 1918 y se doctoró en marzo de 1919, algo todavía excepcional para una mujer. Tras pasar por la industria y por la universidad en Alemania, en 1923 se incorporó al Instituto de Investigación del Radio de Viena. Allí trabajó durante quince años sin remuneración, una situación que el Jewish Women's Archive atribuye a la doble discriminación que sufría por ser mujer y judía. El instituto era, paradójicamente, uno de los centros europeos con más presencia femenina: según un estudio publicado en Academia, casi un tercio de sus investigadores eran mujeres.
Ver lo invisible con una película fotográfica
En los años veinte, la herramienta estándar para observar partículas era la cámara de niebla, donde las trayectorias se hacían visibles durante un instante. Blau apostó por otra vía: dejar que las partículas atravesaran una emulsión fotográfica y quedaran impresas en ella para siempre. Según Physics Today, convenció al fabricante británico Ilford para que engrosara la emulsión de sus placas y experimentó con el tamaño del grano, la conservación de la imagen latente y el revelado, hasta conseguir que las huellas de partículas alfa y protones rápidos se distinguieran con claridad. Desde 1932, junto a Wambacher, que había sido alumna suya, midió la energía de los neutrones a partir de los protones que estos arrancaban en la emulsión. Fue, según varias fuentes, la primera vez que se usaban emulsiones nucleares para detectar neutrones. En 1937 ambas recibieron el Premio Lieben de la Academia Austriaca de Ciencias.
Las estrellas de Hafelekar
El hallazgo más importante llegó en la montaña. Para estudiar los rayos cósmicos, que la atmósfera frena y dispersa, había que colocar los detectores lo más alto posible. Blau y Wambacher dejaron pilas de placas expuestas durante meses en el observatorio de Hafelekar, a unos 2.300 metros de altitud, junto a Innsbruck, en la estación que dirigía Victor Hess, el descubridor de los rayos cósmicos. Las fuentes no coinciden en la fecha de inicio: el Science History Institute la sitúa en 1932 y Physics Today habla de estudios cuantitativos desde 1936. Lo que sí está claro es el resultado que publicaron en Nature en 1937. En las placas aparecían figuras con varias trazas que salían de un mismo punto, como los rayos de una estrella. Las llamaron estrellas de desintegración: eran la huella de un rayo cósmico que había chocado con un núcleo de la emulsión y lo había hecho estallar en fragmentos. Physics Today subraya que el propio Powell no empezó a trabajar con película fotográfica hasta 1938, después de que el campo reconociera la importancia de aquel descubrimiento.
1938: la huida, los papeles de Hamburgo y lo que pasó en Viena
En marzo de 1938, Alemania se anexionó Austria. Blau no estaba en Viena: la química noruega Ellen Gleditsch la había invitado a pasar el verano en Oslo, y aquella invitación le sirvió de salida. Unas semanas antes, Albert Einstein había escrito a colegas mexicanos para recomendarla como una de las principales expertas en el método fotográfico y pedirles que la llevaran a México. En el viaje, según Rincón Educativo y la Wikipedia en inglés, funcionarios alemanes le confiscaron en Hamburgo parte de sus papeles científicos, incluidos planes de investigación. Algunas de esas ideas aparecieron después publicadas por Wambacher y por el físico Georg Stetter, ambos afines al partido nazi.
Wambacher: colaboradora, rival y también nominada
Aquí conviene no simplificar. Wambacher no fue una usurpadora que apareciera de la nada: trabajó junto a Blau en los descubrimientos de 1937 y figuraba con ella en las publicaciones. Pero la relación entre ambas estaba muy deteriorada antes del Anschluss, y la carta de Physics Today afirma que los antiguos colaboradores de Blau en Viena se apropiaron de su trabajo y suprimieron su nombre. Wambacher publicó en septiembre de 1938 un artículo sobre desintegraciones múltiples por rayos cósmicos y obtuvo en 1940 la habilitación universitaria con un trabajo sobre ese mismo tema, según un estudio histórico publicado en arXiv. Tras la guerra fue apartada de la universidad como miembro del partido, deportada a la Unión Soviética y, a su vuelta en 1946, diagnosticada de cáncer. Murió en 1950, el mismo año en que Schrödinger la propuso para el Nobel junto a la mujer a la que había sustituido.
El ángulo menos contado: por qué ganó Powell
La explicación no es solo de mérito. Mientras Blau sobrevivía como refugiada, Powell montó en Bristol un gran laboratorio y colaboró con Ilford y Kodak para mejorar las emulsiones, en este caso aumentando la proporción de bromuro de plata. En 1947, con placas expuestas en los Andes bolivianos y en los Pirineos, su equipo identificó el pion, la partícula que había predicho Hideki Yukawa. Fue ese descubrimiento, más que la invención del método, lo que convenció al comité.
Blau, entretanto, había perdido diez años. En México trabajó en la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica del Instituto Politécnico Nacional, donde era la única mujer, y cuando se le ofreció dirigir el laboratorio de Física de la Universidad Michoacana se encontró, según Rincón Educativo, con que el material estaba empeñado. En 1944 se trasladó a Estados Unidos, trabajó en la industria hasta 1948 y después en Columbia, Brookhaven y la Universidad de Miami. El estudio de arXiv lo resume con precisión: el prestigio de Schrödinger no bastó para compensar que ella no tuviera un grupo influyente detrás.
Tampoco hay acuerdo sobre cuántas veces estuvo cerca. El Jewish Women's Archive habla de dos nominaciones; una biografía publicada en México, de tres; la Wikipedia en inglés, de varias entre 1950 y 1957 para el Nobel de Física y una para el de Química, firmadas por Schrödinger y por Hans Thirring. Ninguna prosperó.
Por qué importa hoy
En 1960, Blau volvió a Viena. Trabajó de nuevo en el Instituto del Radio hasta 1964, de nuevo sin sueldo, dirigiendo un grupo que analizaba fotografías de trazas de partículas procedentes del CERN. En 1962 recibió el Premio Erwin Schrödinger de la Academia Austriaca de Ciencias. Para entonces su vista estaba dañada, según el Jewish Women's Archive, por los años de exposición a la radiactividad. Murió en Viena el 27 de enero de 1970. Las emulsiones nucleares fueron durante dos décadas una de las grandes herramientas de la física de partículas, y el método sigue usándose en experimentos concretos. Su historia no encaja del todo en el esquema del hombre que se queda con el mérito de una mujer. Encaja en algo más incómodo: la persecución no solo le quitó el país, sino también los años decisivos en los que otros convirtieron su idea en un premio. La pregunta que deja es cuántos nombres desaparecieron de la ciencia europea en 1938 sin que nadie volviera a buscarlos.