En vivo
Todas
Ciencia y Descubrimiento
Poder y Liderazgo
Arte y Pensamiento
Coraje y Resistencia

Casó a su hija con un rey de Jerusalén seis años antes de necesitarlo. Así se aseguró Berenguela de Castilla el trono de León para su hijo

En 1230, Berenguela de Castilla apartó a sus dos hijastras, las infantas Sancha y Dulce de León, del trono que su padre les había dejado, uniendo Castilla y León bajo su hijo Fernando III.

✍️ Montse 📅 10 de September de 2026 ⏱ 8 min de lectura 👁 48 visitas
Casó a su hija con un rey de Jerusalén seis años antes de necesitarlo. Así se aseguró Berenguela de Castilla el trono de León para su hijo

Seis años antes de necesitarlo, ya había colocado la pieza que le haría falta

En 1224, Berenguela de Castilla convenció a Juan de Brienne, antiguo rey de Jerusalén y uno de los nobles más codiciados de la cristiandad como candidato a esposo, de que se casara con su propia hija, la infanta Berenguela de León, en lugar de con la mujer para la que Alfonso IX, exmarido de Berenguela y rey de León, lo había estado cortejando: su hija Sancha, nacida de un matrimonio posterior. Sobre el papel, era una boda más entre casas reales europeas. Seis años después, cuando Alfonso IX murió y dejó a Sancha y a su hermana Dulce como herederas de León, quedó claro para qué había servido en realidad aquella maniobra de 1224: privar a las dos hermanas del aliado internacional que podría haber sostenido militarmente su derecho al trono frente al hijo que Berenguela tenía con Fernando III. La reina de Castilla no improvisó la unión de Castilla y León en el otoño de 1230. Llevaba, como mínimo, seis años preparándola.

Una reina que renunció a la corona en cuestión de días, y no perdió ni un ápice de poder

Berenguela nació en 1180, hija primogénita de Alfonso VIII de Castilla y de Leonor Plantagenet, ella misma hija de Leonor de Aquitania. En 1197 se casó con su primo Alfonso IX de León en una unión que, más que amor, sellaba una tregua entre dos reinos hermanos que llevaban décadas guerreando entre sí. El papa Inocencio III anuló el matrimonio en 1204 por consanguinidad —ambos eran primos en grado prohibido por la Iglesia—, en una decisión que castigaba sobre todo a Berenguela, obligada a separarse del padre de sus hijos mientras negociaba, con éxito, que esos mismos hijos conservaran su legitimidad sucesoria pese a la anulación. Cuando su hermano Enrique I de Castilla murió en 1217 tras un accidente absurdo —una teja desprendida de un tejado mientras jugaba con otros niños—, Berenguela heredó el trono castellano por derecho propio. Lo ocupó apenas unos días: renunció casi de inmediato en favor de su hijo Fernando III, que fue coronado rey de Castilla en agosto de ese mismo año. La renuncia formal no fue una retirada. Durante las tres décadas siguientes, Fernando III gobernó Castilla y, después, también León, con su madre como consejera permanente en asuntos de Estado, matrimonios dinásticos y estrategia sucesoria: una reina sin corona que siguió tomando las decisiones que de verdad importaban. Fue ella, y no su hijo todavía adolescente, quien en 1219 negoció el matrimonio de Fernando III con Beatriz de Suabia, hija del rey de romanos Felipe de Suabia, una alianza que reforzaba los vínculos de Castilla con el Sacro Imperio justo cuando Alfonso IX de León, su exmarido, empezaba a mostrar signos de que su testamento no iba a favorecer precisamente a Fernando. Berenguela llevaba, en otras palabras, años jugando varias partidas dinásticas al mismo tiempo antes de que la partida de León se volviera urgente.

Un testamento que favorecía a las hijas del primer matrimonio, y una muerte que lo complicó todo

Alfonso IX murió el 24 de septiembre de 1230, camino de Santiago de Compostela. Dejaba dos herederas legítimas de su matrimonio posterior con Teresa de Portugal, las infantas Sancha y Dulce, y un hijo, Fernando III, nacido del matrimonio anulado con Berenguela. Las fuentes disponibles no coinciden en el grado de resistencia que encontró la sucesión de Fernando: algunos estudios sostienen que buena parte de las ciudades leonesas ya se habían comprometido con él desde 1206, en vida de su padre, y que las hijas de Alfonso IX nunca llegaron a gobernar realmente; investigaciones más recientes centradas en fuentes leonesas y gallegas afirman, por el contrario, que Sancha y Dulce llegaron a ser reconocidas como reinas durante varios meses, con apoyo documentado en Galicia, Salamanca y Astorga, antes de verse obligadas a capitular, y que el cronista Jiménez de Rada, próximo a la corte de Fernando III, participó después en borrar esa breve etapa de los registros oficiales, incluidos documentos que ellas mismas habrían firmado como reinas. Ninguna de las dos versiones se puede descartar con la documentación hoy disponible, y esa misma discrepancia —quién gobernó realmente León entre septiembre y diciembre de 1230— es parte de lo que la historiografía todavía no ha resuelto.

El ángulo menos contado: el precio exacto de un trono, negociado entre dos madres

Lo que sí está documentado con precisión es cómo terminó el conflicto. El 11 de diciembre de 1230, en Valencia de Don Juan, Berenguela se sentó a negociar directamente con Teresa de Portugal, madre de Sancha y Dulce y antigua rival dinástica, en un acuerdo que la historiografía conoce como la Concordia o Tratado de Benavente y que algunos cronistas llamaron, con más precisión que ironía, "el pacto de las madres". Fernando III ratificó los términos: a cambio de renunciar para siempre a sus derechos sobre el trono de León, cada una de las hermanas recibiría una pensión vitalicia de 30.000 maravedíes anuales, el señorío sobre plazas con ingresos propios —Avilés, con su puerto y sus salinas, y La Coruña, con el suyo— y la posesión temporal de hasta doce fortalezas repartidas entre León y Galicia, entre ellas Aguilar, Monteagudo, Castrogonzalo, Allariz y Milmanda, que revertirían a la Corona en cuanto ambas murieran o contrajeran matrimonio. Sancha se retiró después al monasterio cisterciense de Santa María de Villabuena, en El Bierzo, fundado por su propia madre, donde murió antes de 1243. De Dulce se sabe con certeza que seguía viva ese mismo año; su rastro posterior es más difuso en las fuentes consultadas. Ninguna de las dos volvió a tener protagonismo político.

La hija que sí llegó a ser emperatriz, gracias a la boda que apartó a sus medio hermanas

El destino de la infanta Berenguela de León, la hija que su madre había casado con Juan de Brienne en 1224 precisamente para bloquear a Sancha, añade una capa adicional a la historia. Juan de Brienne fue coronado en 1229 emperador latino de Constantinopla, lo que convirtió a la joven Berenguela en emperatriz consorte, un título que ninguna otra mujer nacida en los reinos hispánicos medievales llegó a ostentar. La maniobra de 1224, pensada en principio para debilitar a las hijas leonesas de Alfonso IX, terminó además colocando a la propia hija de Berenguela en el trono imperial de Constantinopla: un doble beneficio dinástico que ningún relato centrado solo en "la reina que unió España" suele mencionar.

Por qué esta historia importa hoy

La versión que circula habitualmente sobre Berenguela de Castilla la presenta casi exclusivamente como la matriarca prudente que renunció al poder formal para entregárselo a su hijo y que, con sabiduría y sin derramar sangre, unió Castilla y León bajo una sola corona en 1230, sentando la base territorial de lo que siglos después sería España. Esa versión no es falsa, pero omite sistemáticamente el nombre de las dos mujeres que pagaron el precio de esa unión: dos infantas legítimas, reconocidas como reinas al menos por una parte de sus propios súbditos durante varios meses, que terminaron sus días con una renta fija y una llave de convento a cambio de un trono que, según algunas fuentes, habían llegado a ejercer de verdad. Casi ochocientos años después, Castilla y León siguen unidas gracias a aquel acuerdo de diciembre de 1230. Sancha y Dulce, las reinas que lo hicieron posible con su renuncia forzada, apenas figuran hoy en los libros de texto que celebran esa unión.

Compartir:
Artículos relacionados
👑 Poder y Liderazgo
La gobernadora que pidió dimitir una y otra vez: María de Hungría, la hermana de Carlos V que mandó en Flandes 24 años y murió en Cigales
Enviudó a los 20 años en Mohács, se negó a volver a casarse y gobernó Flandes 24 años para Carlos V pidiendo dimitir una y otra vez. Murió en Cigales, llamada a gobernar de nuevo.
👑 Poder y Liderazgo
¿De verdad no se cambió la camisa en tres años? El mito del color isabelino y la infanta que gobernó Flandes durante tres décadas.
La leyenda dice que juró no cambiarse de camisa hasta que cayera Ostende. La palabra «isabelino» ya existía. Lo que el mito oculta es que gobernó los Países Bajos durante 35 años.
👑 Poder y Liderazgo
Gobernadora durante casi medio siglo de una isla que quizá nunca pisó: el enigma de Aldonza Manrique, ¿la primera gobernadora de América?
Heredó de niña el gobierno de la isla Margarita y lo mantuvo hasta morir en Madrid en 1575. Las fuentes no aclaran cuándo empezó a gobernar ni si llegó a vivir en la isla.