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La gobernadora que pidió dimitir una y otra vez: María de Hungría, la hermana de Carlos V que mandó en Flandes 24 años y murió en Cigales

Enviudó a los veinte años en la batalla que partió Hungría, rechazó volver a casarse y gobernó los Países Bajos para su hermano durante casi un cuarto de siglo. Nunca le gustó el poder, y quizá por eso lo ejerció tan bien.

✍️ Montse 📅 28 de September de 2026 ⏱ 8 min de lectura 👁 4 visitas
La gobernadora que pidió dimitir una y otra vez: María de Hungría, la hermana de Carlos V que mandó en Flandes 24 años y murió en Cigales

María de Hungría, la hermana de Carlos V que no quería gobernar

El 18 de octubre de 1558, en Cigales, un pueblo de viñas al norte de Valladolid, murió una mujer de cincuenta y tres años que acababa de recibir un encargo de su sobrino, el rey Felipe II: volver a Bruselas y hacerse cargo de nuevo del gobierno de los Países Bajos. Para ella era una ironía amarga. Había gobernado aquellas provincias durante veinticuatro años en nombre de su hermano, el emperador Carlos V, y durante buena parte de ese tiempo había pedido, por carta y en persona, que la dejaran marcharse. Se llamaba María de Austria, aunque la historia la recuerda por un reino que perdió muy joven: María de Hungría. Casi todo lo que se publica sobre ella en español se resume en una línea sobre su eficacia. La mujer que había detrás, con sus dudas, sus lecturas prohibidas y su colección de Tizianos, es bastante más interesante.

Viuda a los veinte años en el desastre de Mohács

Nació en el palacio de Coudenberg, en Bruselas, en septiembre de 1505; las fuentes dudan entre el día 15 y el 17 o 18. Era la quinta hija de Juana I de Castilla y Felipe el Hermoso. Su padre murió cuando tenía un año y a su madre no llegó a conocerla: se crio en Malinas con sus hermanos bajo la tutela de su tía, Margarita de Austria, gobernadora de los Países Bajos, de quien heredaría el cargo, la afición a los libros y parte de su colección de códices.

Desde niña estaba prometida a Luis Jagellón, heredero de Hungría y Bohemia. El acuerdo se cerró en el congreso de Viena de 1515 y la boda se celebró años después; las fuentes difieren entre 1521 y 1522, y consta su coronación como reina de Hungría el 11 de diciembre de 1521. El matrimonio fue, según la Wikipedia en inglés, feliz, breve y sin hijos. La pareja pasaba el tiempo libre cazando y montando a caballo, y trató en vano de movilizar a la nobleza húngara ante el avance otomano. El 29 de agosto de 1526, el ejército de Solimán el Magnífico aplastó a los húngaros en Mohács. Luis murió en la huida. María tenía veinte años.

Regente de un reino en llamas

Mientras los refugiados llegaban a Presburgo, la actual Bratislava, María se instaló allí con los pocos consejeros supervivientes y, según EBSCO, trabajó para asegurar la corona húngara a su hermano Fernando frente al otro aspirante, Juan Zápolya. Actuó como regente hasta la coronación de Fernando, el 3 de noviembre de 1527. Después vinieron años de apuros económicos y presiones de la familia para volver a casarla. Se negó: juró permanecer viuda. Esa decisión, junto con la habilidad demostrada en Hungría, convenció a Carlos V para confiarle un cargo de enorme responsabilidad.

Lutero, Erasmo y una reina bajo sospecha

Hay un episodio que las biografías divulgativas españolas suelen omitir. En Presburgo, recién viuda, María recibió una carta y un pequeño libro de salmos comentados de Martín Lutero, que le dedicó cuatro salmos para consolarla. También Erasmo de Róterdam, al que admiraba, le dedicó un tratado. La reina simpatizaba con la reforma de la Iglesia basada en las Escrituras, y en su entorno había predicadores cercanos a esas ideas. Su hermano Fernando reaccionó con fuerte desaprobación, y fue en buena medida su presión la que la devolvió a la ortodoxia católica, según la Wikipedia en inglés. Conviene matizar: el historiador Helmut Koenigsberger considera exagerada su fama de simpatizante luterana. Pero la sospecha la acompañó durante años, y resulta llamativo que el emperador eligiera precisamente a ella para gobernar unas provincias donde la Reforma avanzaba.

Veinticuatro años en Bruselas

Tras la muerte de Margarita de Austria en 1530, Carlos V nombró a María gobernadora de los Países Bajos. Ocupó el cargo desde enero de 1531 hasta octubre de 1555 y asumió, además, la tutela de dos sobrinas, Dorotea y Cristina de Dinamarca. Las provincias eran la gran fuente de ingresos del imperio, y su trabajo consistía en conseguir dinero para las guerras de su hermano sin provocar una rebelión. No siempre lo logró: tuvo que afrontar motines como la revuelta de Gante de 1539-1540, que Carlos acabó sofocando en persona.

Su mayor preocupación fue Francia. Según Google Arts & Culture, trató durante todo su mandato de mantener la paz entre el emperador y el rey francés y logró crear una unidad entre las provincias y asegurarles cierta autonomía frente a Francia y frente al propio Imperio. Cuando la guerra llegó, puso el país en estado de defensa, apoyó los preparativos de la expedición contra Túnez y opinaba de estrategia con una autoridad que desconcertaba a los diplomáticos. El embajador veneciano Bernardo Navagero la describió como una mujer que se parecía mucho a un hombre porque se ocupaba de asuntos de guerra y daba su parecer sobre defensa y política. En la época, era un elogio.

El ángulo menos contado: la gobernadora que quería irse

Lo que casi nunca se cuenta es que María no disfrutaba del poder. Google Arts & Culture y la Wikipedia en inglés coinciden en que nunca le gustó gobernar y en que pidió permiso para dimitir en varias ocasiones. Su refugio era otro: la caza, la música y el arte. Fue una de las grandes coleccionistas de su siglo. Según el historiador del arte Miguel Falomir, citado en una reseña de la asociación Historians of Netherlandish Art, llegó a reunir la mayor colección de pinturas de Tiziano de toda Europa, y probablemente eligió el tema de alguna obra hoy perdida, como una Venus y Psique. Entre las piezas que pasaron por sus manos figuraba, según varias biografías, el retrato ecuestre de Carlos V en Mühlberg. Tras su muerte, buena parte de sus bienes pasó a Felipe II y acabó integrándose en las colecciones reales que dieron origen al Museo del Prado.

Cigales, 1558: el último encargo

Cuando Carlos V abdicó en Bruselas en octubre de 1555, María renunció el mismo día. Felipe II intentó retenerla y solo la dejó marchar por la presión de su padre. En otoño de 1556 llegó a España con sus hermanos Carlos y Leonor. Según el portal sobre Carlos V de la Universidad de Burgos, se intentó alojarla en el palacio del duque del Infantado en Guadalajara, con notorio disgusto del duque, y finalmente buscó retiro en Cigales. En pocos meses murieron Leonor, en febrero de 1558, y Carlos, el 21 de septiembre. Felipe II le pidió entonces que regresara a Flandes. Aquí las fuentes se dividen: unas aseguran que aceptó, pese a estar ya demasiado débil para preparar el viaje; otras, que lo rechazó. Murió semanas después, el 18 de octubre. Sus restos se trasladaron más tarde a El Escorial.

Por qué importa hoy

María de Hungría suele aparecer en los libros como una pieza del engranaje de Carlos V, la hermana útil que mantenía en orden un rincón del imperio. Ese retrato olvida que fue regente de dos territorios, que eligió no volver a casarse para conservar su autonomía, que leyó a Lutero y a Erasmo cuando hacerlo era peligroso y que reunió una colección de pintura que todavía hoy puede verse en Madrid. Olvida también su contradicción más humana: gobernó durante un cuarto de siglo sin desearlo, y lo hizo lo bastante bien como para que la llamaran de nuevo cuando ya solo quería descansar. En Cigales, a pocos kilómetros de Valladolid, apenas queda memoria de la reina que eligió aquel pueblo para morir.

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