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Confesó que dirigía la red Comète y los nazis no la creyeron: quién fue Andrée de Jongh

En 1941 llegó a pie al consulado británico de Bilbao con un soldado escocés. Guio a 118 personas a través de los Pirineos. Al caer, dijo la verdad para proteger a su padre y nadie la creyó.

✍️ Montse 📅 02 de October de 2026 ⏱ 8 min de lectura 👁 0 visitas
Unas alpargatas atadas, un bolso de cuero entreabierto con un billete de tren y un pañuelo sobre una roca junto a un río crecido, con montes boscosos envueltos en niebla de noche

Andrée de Jongh y la red Comète: la verdad que nadie quiso creer

Tras su detención en enero de 1943, una joven belga de veintiséis años fue interrogada diecinueve veces por el servicio de inteligencia militar alemán, la Abwehr, y dos más por la Gestapo. En algún momento dijo la verdad: que ella era la jefa de la red Comète, la mayor línea de evasión de aviadores aliados de la Europa ocupada. Lo hizo para proteger a su padre, del que los alemanes ya sospechaban. No la creyeron. Les pareció imposible que aquella mujer menuda, que aparentaba menos edad de la que tenía, fuera algo más que una colaboradora menor. Según las biografías basadas en el libro del oficial británico Airey Neave, ese error probablemente le salvó la vida. Se llamaba Andrée de Jongh, y su ruta terminaba en España: en el río Bidasoa, en San Sebastián y en el consulado británico de Bilbao. En español su nombre aparece casi siempre de pasada, en las historias de los guías vascos que la acompañaban.

Una enfermera que admiraba a Edith Cavell

Andrée Eugénie Adrienne de Jongh nació el 30 de noviembre de 1916 en Schaerbeek, en una Bélgica ocupada por los alemanes durante la Primera Guerra Mundial. Era la hija menor de Frédéric de Jongh, director de una escuela primaria, y de Alice Decarpentrie. Su heroína de infancia fue Edith Cavell, la enfermera británica fusilada en 1915 en el campo de tiro de Schaerbeek por ayudar a soldados aliados a escapar hacia los Países Bajos. Inspirada por ella, se formó como enfermera, aunque cuando llegó la guerra trabajaba como dibujante publicitaria en Malmedy.

Tras la invasión alemana de mayo de 1940 se trasladó a Bruselas y se hizo voluntaria de la Cruz Roja. En la ciudad se escondían soldados británicos que no habían podido embarcar en Dunkerque. Ella empezó a organizar casas seguras, ropa de civil y documentos falsos para ellos.

Los «DDD»

En la primavera de 1941, con Henri de Bliqui y Arnold Deppé, formó un pequeño grupo para sacar de Bélgica a soldados y aviadores aliados. Por las iniciales de sus apellidos se llamaron a sí mismos los DDD. El comienzo fue duro: De Bliqui fue detenido en abril tras la infiltración de un colaboracionista belga, Prosper Dezitter, y más tarde ejecutado.

Bilbao, agosto de 1941

El primer intento de cruzar a España, en julio de 1941, terminó mal. De Jongh y Deppé llevaron por los Pirineos a diez belgas y a una supuesta inglesa que en realidad era una agente belga, y una vez en territorio español los dejaron seguir solos. La policía española los detuvo y tres soldados belgas fueron entregados a los alemanes en Francia. La lección fue clara: había que acompañar a los fugitivos hasta las autoridades británicas.

En agosto volvieron a intentarlo por separado. Deppé fue traicionado y detenido con su grupo. Ella siguió adelante con tres hombres: un soldado escocés de los Gordon Highlanders, James Cromar, natural de Aberdeen, y dos voluntarios belgas. Viajaron en tren hasta Bayona, se alojaron en la casa de Elvire de Greef, «tía Go», en Anglet, y cruzaron la montaña con un contrabandista vasco como guía. Después se presentó en el consulado británico de Bilbao.

Los diplomáticos no la creyeron. Les parecía inverosímil que una joven con tres soldados hubiera recorrido unos ochocientos kilómetros en línea recta desde la Bélgica ocupada, atravesando Francia y los Pirineos. Durante tres semanas sospecharon que era una agente alemana. Ella planteó un acuerdo concreto: traería más soldados y aviadores si los británicos pagaban los gastos, 6.000 francos belgas y 1.400 pesetas por cada hombre. Aceptaron. De Jongh rechazó cualquier otra ayuda o dirección por parte del gobierno británico o del gobierno belga en el exilio. El agente británico Donald Darling le dio el nombre en clave de «Cartero», y durante un tiempo la ruta fue conocida como la línea Andrée, según la WW2 Escape Lines Memorial Society.

De Bruselas al Bidasoa

Tras la detención de Deppé, Bélgica dejó de ser segura para ella y se instaló en París. Su padre asumió parte de la organización en Bruselas. La ruta funcionaba así: los aviadores derribados llegaban desde Bélgica, se escondían en casas de París y viajaban en tren hasta Bayona o San Juan de Luz. Desde allí, De Jongh caminaba con ellos de noche por los Pirineos hasta España. Su guía preferido era Florentino Goikoetxea, un contrabandista buscado por la policía a ambos lados de la frontera. Una vez cruzado el Bidasoa, entregaba a los aviadores a los británicos, que los llevaban a Gibraltar, y ella se reunía en San Sebastián con el diplomático Michael Creswell para recoger dinero y mensajes.

A los aviadores se presentaba con una frase que recogen sus obituarios: su nombre en clave era Dédée, que significa «mamaíta», y su trabajo consistía en llevar a sus niños hasta España y la libertad. El número de viajes no está claro. Las estimaciones van de dieciséis a veinticuatro trayectos de ida y vuelta, mientras que la WW2 Escape Lines Memorial Society cuenta treinta y cuatro travesías y otras fuentes, treinta y tres. Sí hay consenso en la cifra de personas a las que escoltó: unas 118, de ellas más de 80 aviadores, entre agosto de 1941 y diciembre de 1942.

Urrugne, 15 de enero de 1943

En enero de 1943 llevó a tres aviadores británicos en tren desde París hasta San Juan de Luz. Desde la estación caminaron dos horas bajo la lluvia hasta Urrugne, la última parada antes de la montaña, donde los acogió en su casa Frantxia Usandizaga. El Bidasoa bajaba crecido y cruzar era demasiado peligroso. Goikoetxea se fue a dormir a otra casa. A la mañana siguiente, el 15 de enero, diez soldados alemanes irrumpieron y detuvieron a todos. Probablemente los había delatado un jornalero en quien ella no confiaba. Una fuente universitaria belga fecha la detención en enero de 1944, pero el resto de las fuentes consultadas coinciden en 1943.

El ángulo menos contado: la confesión que la salvó

De Jongh pasó por la prisión de Fresnes, en París, y después por los campos de Ravensbrück y Mauthausen. Su confesión no salvó a su padre: Frédéric de Jongh fue detenido en París el 7 de junio de 1943 y ejecutado el 28 de marzo de 1944. Pero el desprecio de sus interrogadores la protegió a ella. Según la Wikipedia, que cita la obra de John Nichol y Tony Rennell, cuando la Gestapo comprendió más tarde quién era y la buscó en Ravensbrück, logró esconder su identidad. Frantxia Usandizaga no sobrevivió: murió a manos de un guardia del campo, que la golpeó, poco antes de la liberación. Goikoetxea siguió guiando a aviadores hasta que fue herido y capturado en 1944; la familia De Greef consiguió rescatarlo. Sin su fundadora, la red Comète continuó bajo otros dirigentes y ayudó a más de setecientas personas.

Por qué importa hoy

Después de la guerra, Andrée de Jongh terminó sus estudios de enfermería y dedicó décadas a los leprosarios del Congo Belga, Camerún, Etiopía y Senegal. En 1959 el escritor Graham Greene la conoció en el Congo y recogió en su diario que su deseo de curar leprosos venía de la adolescencia. Recibió la George Medal británica en febrero de 1946, la Medalla de la Libertad estadounidense y la Legión de Honor francesa, y en 1985 el rey Balduino la nombró condesa. Murió en Bruselas en octubre de 2007, a los noventa años; casi todas las fuentes dan el día 13, aunque el International Bomber Command Centre indica el 30. Su historia inspiró en 2010 un documental vasco, «The Last Passage». La pregunta que deja es incómoda: cuántas mujeres de la resistencia sobrevivieron, como ella, solo porque sus enemigos las subestimaron.

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