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Doscientas mujeres con un lazo rojo en el brazo: qué fue realmente la Compañía de Santa Bárbara en el sitio de Gerona de 1809

Se la presenta como la primera unidad militar femenina de España. Sus integrantes no formaban como infantería, sino que llevaban munición,.agua y heridos bajo el fuego.

✍️ Montse 📅 27 de September de 2026 ⏱ 8 min de lectura 👁 32 visitas
Doscientas mujeres con un lazo rojo en el brazo: qué fue realmente la Compañía de Santa Bárbara en el sitio de Gerona de 1809

La Compañía de Santa Bárbara de Gerona: un lazo rojo en el codo izquierdo

En el verano de 1809, en una Gerona cercada por el ejército napoleónico, doscientas mujeres empezaron a moverse por las murallas con una señal que las distinguía del resto de la población: un lazo rojo atado en el codo del brazo izquierdo, formando una lazada. Pertenecían a la Compañía de Santa Bárbara, un cuerpo creado por orden del gobernador militar de la plaza, Mariano Álvarez de Castro. Hoy se la presenta a menudo como la primera unidad militar femenina de España, y el diario Ara lamentaba en un reportaje reciente que su historia apenas se enseña. La etiqueta es atractiva, pero conviene precisarla: lo que hicieron aquellas mujeres fue a la vez menos y más que empuñar un fusil en formación.

Una ciudad que resistió siete meses

Gerona sufrió tres sitios durante la Guerra de la Independencia. Los dos de 1808 fracasaron. El tercero, iniciado en la primavera de 1809, fue uno de los más largos de toda la guerra: Europeana habla de siete meses. Al frente de la defensa estaba Álvarez de Castro, con una guarnición escasa, una población civil sometida a bombardeos, hambre y enfermedades, y la orden de no rendirse. En ese contexto de agotamiento, un grupo de vecinas pidió al gobernador autorización para organizarse, según Europeana. La iniciativa, por tanto, partió de ellas.

La instrucción del gobernador: «sin distinción de clases»

La respuesta del gobernador fue una instrucción que se publicó en el Diario de Gerona. Según el texto que reproduce España en la Historia, disponía que se formara una compañía de doscientas mujeres sin distinción de clases, para que fueran empleadas en socorro y asistencia de los soldados. Europeana añade la fórmula que pedía mujeres jóvenes, robustas y de espíritu varonil. El Correo de Pozuelo reproduce la misión con más detalle: auxiliar a los soldados y paisanos armados que cayeran heridos en acción y llevar a sus puestos todo lo necesario en municiones y víveres.

¿Cuándo nació la compañía?

La fecha es el primer punto sin acuerdo. España en la Historia y El Correo de Pozuelo sitúan la orden de creación el 28 de junio de 1809 y el cierre del alistamiento, con doscientas voluntarias, el 3 de julio. El blog El Rincón de Byron fecha la instrucción el 3 de julio. Europeana indica que el diario publicó la aprobación el 2 de julio, y España en la Historia, el 5. Probablemente cada fuente toma un paso distinto del mismo proceso: la orden, la publicación y el cierre de las listas.

Cuatro escuadras, cuatro plazas, cuatro comandantas

La compañía se organizó de forma muy precisa. Según El Rincón de Byron y El Correo de Pozuelo, tenía cuatro comandantas, ocho sargentas y ocho jefas de escuadra, y se dividía en cuatro escuadras con nombre de santo y una plaza de la ciudad asignada: San Narciso, en la plaza de San Pedro; Santa Eulalia, en el Mercadal; Santa Dorotea, en la plaza del Vino, y Concepción, en la plaza del Hospicio. Cada escuadra se subdividía en grupos de doce o trece mujeres, según España en la Historia. El Correo de Pozuelo añade un detalle que no hemos podido confirmar en una segunda fuente: que las integrantes eligieron a sus propias mandos.

Las cuatro comandantas aparecen en todas las fuentes, aunque con grafías distintas. Lucía Jonama de Fitz-Gerald mandaba San Narciso; Raimunda de Nouvilas, la escuadra de la Concepción; María Àngela Bivern, que el Rincón de Byron escribe Biver, Santa Dorotea, y María Custí, a la que otras fuentes llaman Curtí o Custy, Santa Eulalia. Según Ara, Bivern tenía veintidós años y estaba soltera, y Nouvilas solo diecinueve.

Lucía Jonama, la veterana de Roses

De las cuatro, Lucía Jonama es la que más se asocia hoy al nombre de la compañía, casi siempre como «Lucía Fitz-Gerald», el apellido de su marido. Según El Correo de Pozuelo era natural de La Bisbal. Estaba casada con Latino Fitz-Gerald, un militar de origen irlandés, capitán del regimiento de Ultonia, uno de los cuerpos de tradición irlandesa del ejército español que defendía Gerona, según El Rincón de Byron. El mismo blog recoge que ya había compartido con su marido las penalidades del sitio de Roses, en 1808. Llegaba, pues, al asedio de Gerona con experiencia de guerra.

El ángulo menos contado: auxilio bajo el fuego, y a veces algo más

Las fuentes coinciden en que la tarea principal no era combatir. Según Europeana, llevaban munición y provisiones a los puntos de defensa, acarreaban agua por terrenos difíciles y atendían a los heridos. Ara precisa que su misión era asistir a los heridos y llevar agua y aguardiente a primera línea, aunque los documentos de la época las sitúan en el frente dispuestas a empuñar un arma si era necesario. Esa distinción importa: no eran una infantería femenina, sino un servicio de apoyo que trabajaba en los mismos lugares que los combatientes y bajo el mismo fuego.

Los nombres propios muestran que la frontera se cruzaba a menudo. Según Europeana, Josepa Demà trasladó a treinta y un enfermos del hospital de Sant Daniel, y España en la Historia añade que, conocida como «la Perrota», llegó a disparar en sustitución de combatientes caídos. Maria Marfà tomó el fusil de su marido herido, según Europeana. El día más duro fue el 19 de septiembre de 1809, el asalto que la tradición gerundense recuerda como el Día Grande de Gerona: España en la Historia da los nombres de cuatro mujeres heridas aquella jornada, Teresa Balaguer, Isabel Pi, Esperanza Llorens y María Plajas, y El Correo de Pozuelo afirma que su arrojo fue tal que los mandos tuvieron que retirarlas por la fuerza de los puntos de peligro. Incluso el enemigo dejó constancia: según Ara, el general francés Laurent Gouvion Saint-Cyr las mencionó en el diario de campaña que publicó en 1836.

La capitulación y lo que vino después

Gerona capituló en diciembre de 1809: España en la Historia y El Correo de Pozuelo dan el día 10, y Europeana, el 12. Tras la guerra llegaron los reconocimientos. Según El Rincón de Byron, el 3 de enero de 1810 se concedió la nobleza personal a los defensores de la ciudad, incluidas las mujeres, y en septiembre de ese año el uso de una cruz conmemorativa de los sitios. En 1814 Fernando VII otorgó una pensión vitalicia a una de las comandantas; aquí las fuentes vuelven a divergir, porque Ara habla de María Àngela Bivern y El Rincón de Byron de Magdalena Bivern, con doscientos ducados anuales. El pintor Ramon Martí Alsina las retrató en tres cuadros, según Ara, y en 1925 se inauguró en la iglesia de Sant Fèlix de Gerona un mausoleo que, según El Correo de Pozuelo y El Rincón de Byron, guarda las cenizas de aquellas mujeres.

Por qué importa hoy

La Compañía de Santa Bárbara no fue un batallón de amazonas, como escribió en 1896 el historiador Emili Grahit recogiendo lo que según él decían los propios franceses, según Ara. Fue algo más interesante: la primera vez que una autoridad militar española organizó por escrito, con mandos, escuadras e insignia, el trabajo que las mujeres ya hacían en todas las ciudades sitiadas. Doscientos nombres quedaron en una lista oficial, y eso permite hoy rescatar a Lucía Jonama, Raimunda de Nouvilas o Josepa Demà del anonimato en que quedaron tantas otras. La pregunta que deja abierta es por qué, teniendo esa lista, la historia escolar sigue recordando la resistencia de Gerona casi solo por su gobernador.

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