«Tan aria y tan loca»: la holandesa que negoció con Eichmann la salida de 600 niños de Viena y la cifra que no es solo suya.
En diciembre de 1938, Truus Wijsmuller, una mujer no judía sin cargo oficial, se presentó ante el oficial nazi que controlaba la emigración judía en Viena. Salió con un permiso casi imposible y lo cumplió.
Truus Wijsmuller frente a Eichmann: la reunión de Viena de diciembre de 1938
A comienzos de diciembre de 1938, pocas semanas después de la Noche de los Cristales Rotos, una holandesa de cuarenta y dos años se presentó ante Adolf Eichmann en Viena. Él dirigía entonces la oficina que organizaba la salida forzosa de los judíos de Austria; poco más de tres años después asistiría a la conferencia de Wannsee y se encargaría de la logística del exterminio. Ella no era judía, no tenía cargo oficial y venía a pedirle que dejara salir a cientos de niños. Según el testimonio recogido por el instituto neerlandés NIOD y citado por la Wikipedia en inglés, Eichmann resumió su impresión con una frase de desprecio: tan pura aria y tan loca. Después le concedió el permiso con una condición que parecía pensada para que fracasara. Se llamaba Truus Wijsmuller-Meijer, y lo que hizo aquella semana fue solo el principio de una historia que en español apenas se ha contado.
Una mujer de Alkmaar sin hijos propios
Geertruida Meijer nació en Alkmaar el 21 de abril de 1896, primogénita de un empleado de droguería y de una modista. Su familia, protestante y liberal, le inculcó según sus biógrafos la idea de ayudar a quien lo necesitara sin mirar su religión: tras la Primera Guerra Mundial, sus padres acogieron a niños austriacos que pasaban hambre. En 1913 se trasladaron a Ámsterdam. Trabajó en un banco, donde conoció a Joop Wijsmuller, con quien se casó en 1922; otras fuentes dan 1923. No pudieron tener hijos, y ella volcó su energía en el trabajo social. En los años treinta colaboraba ya con el comité que atendía a los refugiados judíos llegados de Alemania.
Un plazo pensado para fracasar
Tras el pogromo de noviembre de 1938, el Reino Unido aceptó acoger a menores judíos no acompañados procedentes del Reich. Era el programa que se conocería como Kindertransport. Faltaba que las autoridades nazis los dejaran salir. Por encargo de dirigentes judíos británicos y neerlandeses, entre ellos Norman Bentwich y David Cohen, Wijsmuller viajó a Viena. Según la Encyclopedia.com, la Gestapo la detuvo nada más entrar en Leopoldstadt, el barrio judío tradicional de la ciudad.
La reunión con Eichmann tiene versiones distintas en los detalles. Según un reportaje del diario Het Parool, cuando él le dijo que no estaba acostumbrado a tratar con mujeres, ella respondió que había olvidado traer a su marido y que tendría que conformarse con ella. El plazo también varía: el Amsterdam Museum habla de cinco días; otras fuentes, de seis, o de que el tren debía salir el sábado siguiente, en pleno sabbat, algo que algunos testigos interpretaron como una provocación deliberada. En lo esencial coinciden todas: el 10 de diciembre de 1938 salió de Viena un tren con cientos de niños. Ni siquiera la cifra es unánime. La Wikipedia en inglés habla de 600; la Encyclopedia.com afirma que el grupo se había reducido a unos 470. Viajaron a los Países Bajos y, desde allí, muchos siguieron hacia Inglaterra.
El ángulo menos contado: qué significa «salvó a 10.000 niños»
Casi todos los textos sobre ella repiten que salvó a más de 10.000 niños. La cifra es real, pero corresponde al conjunto del Kindertransport, que antes del comienzo de la guerra llevó a unos 10.000 menores al Reino Unido y en el que participaron muchas organizaciones y personas. El Museo del Patrimonio Judío de Nueva York lo formula con precisión: Wijsmuller fue una figura central de esa red de rescate, que en total salvó a unos 10.000 niños. La Wikipedia en inglés también matiza que lo hizo junto con otras personas implicadas en el programa. Atribuirle a ella sola la cifra completa no la engrandece. Oculta a quienes trabajaron con ella y desdibuja el tipo de trabajo que hacía, que era sobre todo de negociación y logística: conseguir permisos, reservar trenes, acompañar convoyes y desatascar en la frontera lo que se bloqueaba.
Según el Amsterdam Museum, tras aquel primer éxito Eichmann la autorizó a reservar varios trenes a la semana. Durante los meses siguientes siguió organizando convoyes desde Alemania, Austria y otros territorios bajo control nazi. Parte de los niños se quedaron en los Países Bajos, en hogares de acogida y en un ala del orfanato municipal de Ámsterdam, el Burgerweeshuis, de cuyo patronato formaba parte. Ese edificio alberga hoy el propio Amsterdam Museum.
14 de mayo de 1940: el último barco de IJmuiden
El 10 de mayo de 1940 Alemania invadió los Países Bajos. En el Burgerweeshuis quedaban setenta y cuatro niños judíos refugiados. El 14 de mayo, el día en que la aviación alemana bombardeó Rotterdam y el país se encaminaba a la capitulación, Wijsmuller los reunió, los subió a autobuses y los llevó al puerto de IJmuiden, donde convenció al capitán del Bodegraven, un carguero holandés, para que los aceptara a bordo. Según la Encyclopedia.com, embarcaron a las 19:50, poco antes de zarpar, y esa misma fuente eleva a unos 200 el número de refugiados que ella logró subir. Uno de aquellos niños, Harry Jacobi, recordaría años después la columna de humo negro de los depósitos de petróleo incendiados para que no cayeran en manos alemanas. Según The Times of Israel, el Bodegraven fue el último barco que salió de IJmuiden hacia Gran Bretaña tras la invasión. Algunas fuentes lo fechan el 15 de mayo, día en que se firmó la capitulación.
Ella no subió al barco. Pudo hacerlo, pero decidió quedarse con su marido en el país ocupado y seguir ayudando desde dentro. Según el museo FOZ, llegó a ser detenida e interrogada por la Gestapo y colaboró en el envío de alimentos a niños internados en campos. Las fuentes consultadas no detallan esta etapa con la misma precisión que el Kindertransport.
Por qué la olvidamos
Después de la guerra fue concejal de Ámsterdam entre 1945 y 1966, trabajó por los derechos de las personas con discapacidad y formó parte del patronato de la Casa de Ana Frank. En 1966, Yad Vashem la reconoció como Justa entre las Naciones, y al año siguiente viajó a Jerusalén para plantar su árbol. Murió en Ámsterdam el 30 de agosto de 1978 y donó su cuerpo a la ciencia.
En vida no le faltaron reconocimientos, aunque casi todos fueron de alcance limitado. Según Smithsonian, recibió medallas de la Cruz Roja alemana y de la neerlandesa y una distinción del Gobierno francés, y otras reseñas biográficas mencionan el nombramiento como oficial de la Orden de Orange-Nassau. En Ámsterdam la llamaban tanto «tía Truus» como «la apisonadora», un apodo que resume su forma de trabajar. En 1965, todavía concejal, se inauguró una escultura suya, obra de Herman Diederik Janzen, en el sanatorio Beatrixoord. Según la Wikipedia en español, el pedestal la recuerda como miembro del Ayuntamiento, no como la mujer que negoció con Eichmann.
Después llegó el silencio. The Times of Israel recoge el testimonio de la cineasta Pamela Sturhoofd, que creció en los Países Bajos sin haber oído hablar de ella en la escuela. Algunos autores lo atribuyen a que no dejó descendientes que mantuvieran viva su historia. El documental Truus' Children, de 2020, recogió los testimonios de veintinueve de los niños que salvó. En Ámsterdam tiene un pequeño monumento y un puente con su nombre que, según admite el propio Amsterdam Museum, pasan fácilmente desapercibidos. Oskar Schindler tuvo una película de Hollywood. Ella, un puente. La diferencia dice más de cómo elegimos a nuestros héroes que de lo que cada uno hizo.