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El secreto que Charlotte Salomon dejó escrito antes de morir en Auschwitz: por qué envenenó a su abuelo

Pintó 769 gouaches para contar su propia vida antes de ser deportada a los 26 años. Entre esas páginas, y en una confesión que dejó a un médico, se esconde un episodio que la historiografía del arte todavía discute.

✍️ Montse 📅 18 de August de 2026 ⏱ 5 min de lectura 👁 17 visitas
Bodegón de un cuaderno de pinturas gouache abierto junto a un frasco de pigmento y un pincel sobre una mesa de madera antigua, con luz de ventana suave

Una carpeta con una frase escrita a mano

En 1943, antes de ser detenida por la policía alemana en el sur de Francia, Charlotte Salomon entregó a un médico llamado Georges Moridis una carpeta que contenía 769 gouaches, con instrucciones precisas sobre qué hacer con ellas si no volvía. Sobre la carpeta escribió una frase que resumía, sin metáfora posible, lo que había hecho con los últimos dos años de su vida: "Esta es toda mi vida". Meses después, Salomon y su marido, Alexander Nagler, fueron deportados a Auschwitz. Ella murió allí en octubre de 1943, a los 26 años, embarazada de varios meses según algunas fuentes. La carpeta sobrevivió. Se titula ¿Vida? o ¿Teatro? y hoy se considera una de las obras más singulares del arte del siglo XX: una autobiografía pintada, con textos superpuestos y referencias musicales, que funciona casi como el libreto de una ópera que nunca llegó a representarse en un escenario.

Una familia marcada por el suicidio, contada por su propio abuelo

Salomon nació en Berlín en 1917, hija de un cirujano judío y de una mujer que, según le contó su propio padre a Charlotte cuando ella tenía diecinueve años, se había quitado la vida —una muerte que hasta entonces se le había ocultado como una enfermedad—. Fue entonces cuando su abuelo le reveló algo más perturbador: no era un caso aislado. A lo largo de varias generaciones de la familia materna, tías, la abuela y otras mujeres se habían suicidado, en un patrón que el abuelo presentaba a Charlotte casi como una herencia inevitable. Gran parte de ¿Vida? o Teatro? es, precisamente, el intento de Salomon de responder a esa amenaza con la única herramienta que tenía: pintar de forma obsesiva, casi febril, mientras el nazismo la expulsaba de la Academia de Bellas Artes de Berlín y, después, del propio país.

El episodio que la mayoría de los relatos evita desarrollar

Refugiada en el sur de Francia junto a sus abuelos, gracias a la protección de Ottilie Moore, una estadounidense adinerada que acogió a varios refugiados en su propiedad, Salomon convivió durante meses con un abuelo que, según recogen distintas fuentes de historia del arte, se había vuelto una presencia opresiva: exigente, crítico con su trabajo y, según interpretaciones posteriores de investigadoras como Griselda Pollock, posiblemente abusivo. Poco antes de su propia detención, Salomon mató a su abuelo, envenenándolo con una tortilla a la que había añadido un narcótico. No lo ocultó: dejó constancia del hecho, junto con la carpeta de su obra, en manos del doctor Moridis.

La historiografía del arte no coincide en cómo interpretar ese acto, y merece la pena decirlo así de claro en lugar de elegir la versión más impactante. Algunas lecturas lo presentan como un gesto de piedad ante la amenaza nazi inminente, casi un intento de ahorrarle a su abuelo la deportación. Otras, apoyándose en fragmentos de la propia obra donde Salomon insinúa una relación abusiva con él, sugieren un motivo mucho más personal y menos noble: el final de una relación de dominación que se había prolongado durante años en un contexto de aislamiento extremo. No existe una fuente que zanje la cuestión de forma definitiva, y probablemente nunca la habrá: la propia Salomon murió meses después, y la evidencia disponible son fragmentos de una obra que mezcla deliberadamente autobiografía y ficción.

Por qué esta ambigüedad no resta valor a la obra, sino que la explica

Lo interesante de ¿Vida? o Teatro? no es que resuelva ese misterio, sino que lo contenga sin resolverlo: la obra está construida precisamente sobre la tensión entre lo que Salomon vivió y lo que decidió mostrar, con seudónimos transparentes para todos los personajes —incluida ella misma, que se llama a sí misma "Kann"— y una estructura temporal que salta hacia adelante y hacia atrás, mezclando recuerdos ajenos con hechos que ella misma no presenció. Es, en ese sentido, tan poco fiable como cualquier autobiografía y tan reveladora como solo puede serlo un documento escrito por alguien que sabe que puede ser el único testimonio que quede de su propia vida.

Un archivo que casi desaparece dos veces

La supervivencia física de la obra tampoco fue automática. El doctor Moridis guardó la carpeta durante años sin publicitarla, y no fue hasta después de la guerra cuando el padre de Charlotte, Albert Salomon, uno de los pocos miembros de la familia que sobrevivió al Holocausto, localizó el material y comenzó el proceso de darlo a conocer. Hoy la colección completa pertenece al Museo Judío de Ámsterdam, y solo una fracción de las 769 piezas seleccionadas por Salomon —de un total de 1.325 gouaches que llegó a pintar en apenas un año y medio— se expone de forma rotativa, dado el volumen y la fragilidad del conjunto.

Lo que queda hoy de una obra pensada para no perderse

Salomon nunca vio publicada ni expuesta su obra. La pintó, según todos los indicios, sabiendo que probablemente sería lo único que quedara de ella, y organizó su entrega con la misma precisión con la que estructuró la narrativa interna de la propia obra. Ese gesto —confiar el relato completo de la propia vida, incluida su parte menos heroica, a un desconocido, justo antes de la deportación— es quizá más revelador sobre quién fue Charlotte Salomon que cualquier intento posterior de resolver, en un solo sentido, lo que ocurrió con su abuelo aquella noche.

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