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La vecina de Haydn con la que Mozart tocaba a cuatro manos: Marianna Martines, la compositora vienesa de sangre española.

Nieta de un soldado español, alumna de Haydn desde los siete años y primera mujer admitida como compositora en la Academia Filarmónica de Bolonia. Escribió oratorios que se estrenaron junto a obras de Haydn y Mozart.

✍️ Montse 📅 28 de September de 2026 ⏱ 7 min de lectura 👁 26 visitas

Marianna Martines, la compositora de Viena con apellido español

En el Michaelerhaus, un gran edificio de viviendas junto a la plaza de San Miguel de Viena, los pisos se repartían según la clase social de quien los habitaba. En los más nobles vivía la princesa viuda Esterházy. En el tercero, la familia Martines, de origen napolitano y español, junto a su huésped más ilustre, el poeta Pietro Metastasio. En otro piso vivía Nicola Porpora, uno de los maestros de canto más famosos de Europa. Y arriba, en la buhardilla, malvivía un joven músico que se ganaba la vida como podía: Joseph Haydn. Hacia 1751, Metastasio le encargó dar clases de teclado a la hija pequeña de la familia, una niña de siete años. Se llamaba Marianna Martines. Treinta años después, sería una de las compositoras más respetadas de Viena, anfitriona de un salón por el que pasaban Haydn y Mozart. Hoy, en español, apenas existe una ficha sobre ella.

Una familia de soldados que acabó en la corte de Viena

Según la Wikipedia en inglés, el abuelo paterno de Marianna fue un soldado español que se estableció en Nápoles, entonces territorio de la monarquía hispánica. Su padre, Nicolò Martines, nació allí hacia 1690 y siguió primero la carrera de las armas. En 1718 trabó amistad con un joven poeta, Pietro Trapassi, que firmaría como Metastasio y llegaría a ser el libretista más famoso del siglo. Cuando Metastasio fue llamado a Viena en 1730 como poeta de la corte imperial, Nicolò ya estaba en la ciudad al servicio de la nunciatura apostólica. El poeta se instaló con la familia hacia 1734 y vivió con ella el resto de su vida, hasta 1782.

Marianna nació en Viena el 4 de mayo de 1744. Firmaba sus cartas como Marianna Martines, aunque en los documentos alemanes aparece a menudo como Marianne von Martinez, con el «von» al que tenía derecho por el rango nobiliario de su padre. La grafía del apellido, que oscila entre la forma italiana y la española, ha contribuido a dispersar su rastro en los catálogos.

La mejor formación posible en la Viena de María Teresa

Metastasio se convirtió en su mentor y se ocupó de su educación con una ambición poco común para una niña de su tiempo. Además de las lecciones de teclado con Haydn, estudió canto con Porpora y composición con Giuseppe Bonno, y recibió también la influencia de Johann Adolph Hasse, uno de los compositores de ópera más célebres de la época. Hablaba alemán, italiano, francés e inglés. La relación con Haydn fue de ida y vuelta: según Explore Classical Music, fue la joven Martines quien presentó al entonces desconocido músico a Hasse y a Bonno, contactos que ayudaron a despegar su carrera.

Muy pronto su talento llegó a palacio. La emperatriz María Teresa, la mayor mecenas musical de Viena, la escuchó en varias ocasiones, y hacia 1761 sus composiciones ya contaban con la aprobación de la corte. Metastasio enviaba sus partituras a compositores y teóricos de prestigio, entre ellos el padre Giovanni Battista Martini, el gran maestro de Bolonia.

Bolonia, 1773: la primera mujer compositora en la Academia

Esa red dio fruto en 1773, cuando la Academia Filarmónica de Bolonia, una de las instituciones musicales más exigentes de Europa, la admitió como miembro. Varias fuentes coinciden en que fue la primera mujer en conseguirlo; la reseña de Classical Music Daily vincula el honor a su Dixit Dominus, un gran motete para coro, solistas y orquesta. Tres años antes, la misma academia había admitido a un adolescente llamado Wolfgang Amadeus Mozart.

Oratorios para la gran orquesta de Viena

La admisión en Bolonia la situó entre los compositores a quienes se podían encargar obras para ocasiones importantes. Metastasio le proporcionó textos para dos oratorios: Santa Elena al Calvario, de 1781, e Isacco figura del redentore, que la Tonkünstler-Societät, la sociedad de músicos que organizaba los grandes conciertos benéficos de Viena, estrenó en 1782 con una orquesta tan completa como la de cualquier obra de Haydn o Mozart de esos años, con trompetas, trompas, oboes, flautas, fagotes y timbales. Un apunte para quien busque la fecha: la Wikipedia en español sitúa el estreno el 17 de marzo de 1882, una errata evidente por 1782.

Ese mismo año murió Metastasio y dejó su herencia a la familia. Marianna recibió, según varias fuentes, 20.000 florines, su clave y su biblioteca musical. Con aquel dinero, ella y su hermana Antonia, que tampoco se casó, organizaron en casa unas veladas musicales semanales que se hicieron famosas. Haydn era un invitado habitual. El tenor irlandés Michael Kelly dejó escrito que Mozart disfrutaba tocando con ella a cuatro manos. Marianna fundó además una escuela de canto para mujeres jóvenes.

El ángulo menos contado: por qué desapareció

Si su talento estaba reconocido por la emperatriz, por Bolonia y por los mejores músicos de Viena, ¿por qué no figura junto a ellos en los manuales? La respuesta tiene poco que ver con la calidad de su música y mucho con su posición social. Como señalan varias biografías, una mujer de su clase no podía aspirar a un puesto de maestra de capilla ni a un empleo en la corte o en una catedral, que era lo que daba a un compositor encargos regulares, intérpretes y copistas que mantuvieran viva su obra. Martines compuso sin ese respaldo institucional. No era un caso aislado: la Viena de aquellos años estaba llena de mujeres músicas de primer nivel, como la pianista Maria Theresia von Paradis, a quien dedicaron obras Mozart y Salieri, las hermanas Auenbrugger, alumnas de Haydn, o Barbara Ployer, destinataria de conciertos de Mozart. Casi todas comparten con ella el mismo destino: se las cita como dedicatarias de obras ajenas, no como autoras de las suyas. Los primeros catálogos le atribuían unas 150 obras; se conservan unas 65. Buena parte de su producción circuló en copias manuscritas y nunca llegó a imprimirse.

Dos leyendas que conviene revisar

Su vida arrastra además dos afirmaciones que se repiten sin pruebas suficientes. La primera es que Metastasio, cuarenta años mayor, fue su amante; lo sostiene algún portal divulgativo en español, pero ninguna de las fuentes académicas consultadas lo respalda, y las biografías de referencia lo presentan como mentor y figura paterna. La segunda es que Mozart compuso sonatas a cuatro manos expresamente para tocarlas con ella; el testimonio de Kelly confirma que tocaban juntos, no que las obras se escribieran para ella. La biografía académica de Irving Godt, publicada en 2010 por la University of Rochester Press, es el punto de partida más sólido para quien quiera ir más allá.

Por qué importa hoy

Marianna Martines murió en Viena el 13 de diciembre de 1812, a los sesenta y ocho años. En las últimas décadas, algunos sellos discográficos han vuelto a grabar sus sonatas, sus cantatas y su Dixit Dominus, y su nombre empieza a aparecer en los ciclos dedicados a compositoras del Clasicismo. En español sigue siendo casi desconocida, pese a que su apellido y su linaje la conectan con la presencia hispánica en la Italia del siglo XVIII. Su caso muestra que para entrar en la historia de la música no bastaba con componer bien: hacía falta un cargo, un editor y alguien que siguiera tocando la obra cuando el autor ya no estaba. Ella tuvo el talento. Lo que no tuvo fue ese andamiaje, y la pregunta es cuántas partituras suyas esperan todavía en algún archivo vienés a que alguien las lea.

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