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Escultora del rey, sin sueldo y en la pobreza: la Roldana firmó que no tenía nada cinco días antes de que Roma la nombrara académica

Luisa Roldán fue la primera escultora documentada de España y trabajó para Carlos II y Felipe V. En la corte le aprobaron un salario que tardó años en cobrar. Murió en enero de 1706.

✍️ Montse 📅 24 de September de 2026 ⏱ 8 min de lectura 👁 4 visitas
Escultora del rey, sin sueldo y en la pobreza: la Roldana firmó que no tenía nada cinco días antes de que Roma la nombrara académica

Luisa Roldán, «la Roldana»: la escultora del rey que murió en la pobreza

El 5 de enero de 1706, en Madrid, una mujer enferma firmó una declaración de pobreza. Era el trámite que permitía a quien no tenía bienes ser enterrado sin coste y morir sin dejar deudas a cargo de su familia. Cinco días después, el 10 de enero, murió. Se llamaba Luisa Roldán y ostentaba desde hacía catorce años el título de escultora de cámara, es decir, escultora de la casa real, primero con Carlos II y después con Felipe V. Ese mismo mes, en Roma, la Accademia di San Luca, una de las instituciones artísticas más prestigiosas de Europa, la nombró académica de mérito. Nunca llegó a saberlo. Su historia resume una paradoja que se repite en la vida de muchos artistas cortesanos del Siglo de Oro, pero que en su caso tiene un agravante: el de ser la primera mujer escultora documentada en España, en un oficio que apenas contemplaba la posibilidad de que una mujer tuviera taller propio.

Hija de Pedro Roldán, casada contra la voluntad de su padre

Luisa Ignacia Roldán nació en Sevilla el 8 de septiembre de 1652. Era hija de Pedro Roldán, uno de los escultores más importantes de la Sevilla barroca, y de Teresa de Ortega. Según la Wikipedia en inglés, aprendió en el taller familiar, junto a sus hermanos, a dibujar, modelar figuras en barro y tallar la madera. Era una formación habitual para los hijos de los artesanos, pero muy poco común que una hija llegara a ejercer el oficio en su propio nombre.

El 25 de diciembre de 1671, con diecinueve años, se casó con Luis Antonio de los Arcos, un escultor que trabajaba en el taller de su padre. Lo hizo, según el proyecto de investigación IDEIMAND de la Universidad de Almería, en contra de la opinión paterna. Algún historiador llegó a describir aquel matrimonio como un «rapto», término que la Wikipedia en inglés matiza al señalar que probablemente respondía a una costumbre de la época para forzar un casamiento sin el permiso familiar, más que a un secuestro. La Universidad de Almería contabiliza siete embarazos, con cinco hijas y dos hijos, de los que murieron cuatro.

Un taller propio en Cádiz y el salto a la corte

Durante años trabajó en Sevilla, en el entorno del taller paterno. Hacia 1686 o 1687, las fuentes varían en un año, se instaló en Cádiz con su marido y su cuñado, Tomás de los Arcos, y abrió un taller propio de escultura religiosa en madera policromada. Allí era, según la Wikipedia en inglés, la escultora principal, mientras que su cuñado se encargaba de la encarnación y el dorado, es decir, de pintar la piel de las figuras y aplicar el oro. Masdearte, a propósito de la exposición del Museo Nacional de Escultura, lo confirma: Tomás fue el policromador de bastantes de sus trabajos y su marido, compañero de trabajo en parte de su producción.

Hacia 1688 o 1689 se trasladó a Madrid. En 1692 recibió el nombramiento de escultora de cámara de Carlos II, un cargo muy codiciado que Felipe V le renovó el 21 de octubre de 1701, según la Universidad de Almería. En la corte desarrolló el formato por el que hoy es más conocida: pequeños grupos de barro cocido y policromado, de temática devota y tono tierno, destinados a oratorios privados. Obras suyas se conservan hoy, además de en iglesias andaluzas y madrileñas, en el Metropolitan Museum de Nueva York, el Victoria and Albert Museum de Londres y la Hispanic Society of America.

El ángulo menos contado: un sueldo aprobado que no llegaba

El título de escultora de cámara era un honor, pero no garantizaba cobrar. Según la Universidad de Almería, en 1695 se le aprobó un salario anual de 100 ducados; en 1698 seguía sin percibirlo. La España de finales del reinado de Carlos II atravesaba una grave crisis económica, y los pagos de la casa real a sus artistas se retrasaban con frecuencia. Luisa Roldán escribió memoriales, peticiones formales dirigidas a la corte, para solicitar vivienda, raciones de comida y ropa para su familia. La Wikipedia en inglés añade que pidió ayuda a la reina Mariana de Neoburgo y que la cantidad que recibió fue insuficiente, y que la solicitud de su marido para obtener un puesto en la corte no prosperó.

La declaración de pobreza del 5 de enero de 1706 fue el final de ese proceso. Sobre el nombramiento de Roma hay un pequeño desacuerdo entre las fuentes. La Universidad de Almería y la Wikipedia en inglés sitúan la concesión del título de académica de mérito el mismo 10 de enero, día de su muerte; Masdearte, que sigue la documentación de la exposición del Museo Nacional de Escultura, dice que fue «pocos días después». En cualquier caso, la escultora ya no pudo recibirlo. Previamente había enviado a la Academia una obra en barro, una Virgen con el Niño, según la Wikipedia en inglés.

Un taller familiar y el problema de las atribuciones

El reparto del trabajo en su taller explica en parte por qué su obra ha tardado tanto en reconocerse. Muchas esculturas del Siglo de Oro no llevan firma, y en un obrador donde intervenían padre, hermanos, marido y cuñado, las piezas se asignaban con facilidad al nombre masculino más conocido de la familia. La investigación sigue revisando atribuciones: Masdearte recoge incorporaciones recientes a su catálogo, como un San Francisco de Huévar y un San Antonio destinado a Tenerife, y la restauración de una Cabalgata de los Reyes Magos adquirida en 2017. El primer estudio académico sobre ella fue la tesis doctoral de Elena Amat en 1927, que nunca llegó a publicarse.

La vida familiar pesó también sobre su producción. De los siete embarazos que documenta la Universidad de Almería, cuatro hijos murieron, y buena parte de su carrera en Madrid transcurrió mientras mantenía a una familia numerosa con ingresos irregulares. El formato de pequeño barro cocido, más rápido de modelar y más barato de transportar que las grandes imágenes de madera, encajaba bien con ese contexto: permitía atender encargos privados de la nobleza y de la propia corte sin necesidad de un gran taller. Es una hipótesis razonable que plantean varios estudios divulgativos, aunque no hemos encontrado un documento en el que ella misma lo explique.

Por qué importa hoy

El Museo Nacional de Escultura de Valladolid le dedicó entre 2024 y 2025 su primera exposición monográfica, con una treintena de obras. Incluso aquí las fechas bailan: la reseña publicada en el Archivo Español de Arte del CSIC indica que se pudo ver del 28 de noviembre de 2024 al 5 de enero de 2025, mientras que Masdearte la anuncia del 29 de noviembre al 9 de marzo, probablemente por una prórroga. Hoy y sus piezas forman parte de la Galería de las Colecciones Reales. El reconocimiento institucional existe. Lo que suele quedar fuera del relato es la parte material de su vida: la escultora que trabajó para dos reyes y tuvo que pedir comida y ropa para sus hijos. Esa contradicción no es una anécdota, sino la clave para entender cómo funcionaba el mecenazgo real en una monarquía en quiebra, y por qué el título más alto que podía alcanzar un artista no bastaba para vivir de él. Su caso deja una pregunta abierta para la historia del arte español: cuántas obras de talleres familiares del barroco siguen catalogadas a nombre de un padre, un marido o un hermano.

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