Firmó sus primeras crónicas con nombre de hombre para que la tomaran en serio. En 1924 dio el primer discurso feminista por radio en España, y hasta el feminismo la olvidó: quién fue Teresa de Escoriaza
En 1921, Teresa de Escoriaza se convirtió en la única corresponsal española en el frente de la guerra del Rif, tras firmar sus primeras crónicas como 'Félix de Haro'. Tres años después pronunció, por radio, uno de los primeros alegatos feministas difundid
Un frente de guerra, semanas de bombardeo, y una sola corresponsal entre decenas de hombres
En septiembre de 1921, decenas de periodistas llegaron a Melilla para cubrir uno de los episodios más sangrientos de la historia militar española reciente: el desastre de Annual, en el que las tropas de Abd el-Krim habían aniquilado semanas antes a miles de soldados españoles en el norte de Marruecos. Entre toda esa prensa, una sola mujer se instaló en primera línea, en las posiciones del monte Gurugú, bajo bombardeos que no distinguían entre uniforme y prensa acreditada. Se llamaba Teresa de Escoriaza, y para entonces ya llevaba varios años firmando sus crónicas con un nombre que no era el suyo. El desastre de Annual, ocurrido el 22 de julio de 1921, se había convertido en pocas semanas en el mayor trauma militar de la España del siglo XX: cerca de diez mil soldados muertos en apenas unos días, un territorio colonial entero al borde del colapso y un gobierno en Madrid que enviaba hacia Melilla no solo tropas de refuerzo, sino también, por primera vez en un conflicto español de esa magnitud, a un cuerpo numeroso de corresponsales encargados de contarlo.
De un pseudónimo masculino en Nueva York a la primera línea del Rif
Teresa de Escoriaza y Zabalza nació en San Sebastián el 7 de diciembre de 1891, hija de Blas de Escoriaza, secretario de la compañía del tranvía, y de Dolores de Zabalza. Cursó el bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, obtuvo un diploma de profesora de enseñanza elemental en la Académie de Bordeaux en 1910 y completó estudios universitarios entre Madrid y Liverpool, una formación poco habitual para una mujer española de su generación. Empezó a publicar sus primeros artículos como corresponsal en Nueva York para el diario madrileño La Libertad firmando con el pseudónimo masculino "Félix de Haro", una estrategia que compartió con muchas periodistas de su época —incluidas varias colegas europeas que firmaban crónicas de guerra bajo nombre de hombre para que sus textos se tomaran con la misma seriedad que los de sus compañeros— y que solo abandonó cuando su reputación profesional le permitió firmar con su propio nombre. Cuando estalló la crisis del Rif, en 1921, viajó a África para cubrirla desde el terreno, convirtiéndose en la única mujer periodista entre los corresponsales enviados a la zona por la prensa española, en un momento en que el propio Alto Comisariado español en Marruecos desconfiaba abiertamente de la prensa civil y sometía sus despachos a una censura militar estricta.
Crónicas desde el frente que no encajaban en el tono heroico de la época
Escoriaza reunió su cobertura de la guerra en Del dolor de la guerra: crónicas de la campaña de Marruecos, publicado en 1921, un libro que se apartaba de forma deliberada del tono épico y patriótico que dominaba buena parte de la prensa española del momento. En lugar de relatos de heroísmo militar, sus crónicas se detenían en el sufrimiento concreto de los soldados heridos, la desorganización sanitaria y el coste humano del conflicto, un enfoque que distintas fuentes especializadas en su obra han descrito como singularmente humano y crítico para el periodismo bélico español de la década de 1920. Colaboró también con Mundo Gráfico, El Eco de Galicia y la emisora Radio Ibérica, y en 1929 publicó una segunda obra, El crisol de las razas, escrita ya desde su experiencia como emigrante en Estados Unidos y centrada en la convivencia y las tensiones entre comunidades de distinto origen en Nueva York, un tema que anticipaba debates sobre inmigración y mestizaje cultural que tardarían décadas en volverse habituales en el periodismo español. Ninguno de los dos libros ha sido reeditado en España en las últimas décadas.
El primer discurso feminista transmitido por radio en España
Radio Ibérica, la emisora donde Escoriaza pronunció su alegato, había empezado a emitir apenas unos meses antes, en 1924, y formaba parte del reducido puñado de estaciones pioneras que arrancó la radiodifusión regular en España, un medio todavía tan nuevo que la propia prensa escrita dudaba de su alcance real. El 22 de mayo de ese año, Escoriaza pronunció ante esos mismos micrófonos, todavía experimentales, lo que distintas fuentes consideran el primer discurso feminista difundido por radio en la historia de España, siete años antes de que Clara Campoamor lograra en las Cortes republicanas la aprobación definitiva del voto femenino, en 1931. Su feminismo, tal y como lo describen los textos que se conservan de esa etapa, no reclamaba el abandono del hogar ni una ruptura radical con el papel tradicional de la mujer, sino la igualdad de acceso a la formación intelectual y al mundo laboral, compatible con la vida doméstica. Esa misma posición la llevó a chocar públicamente con el Lyceum Club Femenino, la institución feminista de referencia de la Segunda República, al que acusó en varios artículos de promover un discurso distorsionado, centrado en libertades de ocio y de clase acomodada más que en una igualdad real y extendida a todas las mujeres, con independencia de su posición social.
El ángulo menos contado: olvidada precisamente por el movimiento al que perteneció
Aquí aparece la paradoja central de la historia de Teresa de Escoriaza, señalada explícitamente por la prensa española que ha rescatado su figura en los últimos años: mientras otras periodistas y feministas de su generación, como Carmen de Burgos, mantienen hoy un lugar reconocido en la memoria del feminismo español, Escoriaza apenas aparece citada. Ninguna fuente académica ha estudiado en profundidad por qué ocurrió así, pero el propio periodismo que ha recuperado su figura apunta a una combinación de factores: su enfrentamiento público con el Lyceum Club, la institución que terminaría convirtiéndose en referencia histórica del feminismo español de los años treinta, pudo dejarla fuera de los relatos que esa misma institución y su entorno contribuyeron después a construir. A eso se suma que Escoriaza abandonó España en 1934, antes de que estallara la Guerra Civil, evitando así tanto la represión franquista como el exilio republicano, dos experiencias que definieron —y en buena medida canonizaron después— la memoria histórica de buena parte de las escritoras y periodistas españolas de su generación. Se naturalizó estadounidense en 1938 y trabajó el resto de su vida activa como profesora de español, lejos de los circuitos culturales y políticos que en España se encargarían, décadas después, de recuperar a sus contemporáneas.
Por qué esta historia importa hoy
Teresa de Escoriaza regresó a España en los últimos años de su vida y murió en su San Sebastián natal el 18 de julio de 1968, sin que su nombre volviera a figurar de forma destacada ni en la prensa ni en los primeros estudios sobre feminismo español que empezaban a publicarse por esas fechas en el exilio y en la clandestinidad. Casi un siglo después de que subiera a un micrófono de radio para hablar de igualdad, siete años antes de que España votara la ley que la haría posible en las urnas, su nombre sigue sin figurar en la mayoría de los relatos generales sobre la historia del sufragio femenino español, unos relatos que sí incluyen, casi siempre, a otras corresponsales y sufragistas de su misma generación. La pregunta que plantea su caso no es solo por qué se olvidó a una periodista pionera, sino qué tipo de feminismo decide, cada generación, qué mujeres merece recordar.