Gobernó España como regente y fue, en secreto, la única mujer jesuita de la historia
Juana de Austria dirigió el imperio español como regente entre 1554 y 1559. Ese mismo año, bajo el nombre falso de 'Mateo Sánchez', logró que Ignacio de Loyola la admitiera en la Compañía de Jesús.
Una infanta de diecinueve años gobierna España mientras su hermano se casa en Inglaterra
El 12 de julio de 1554, una mujer de diecinueve años asumió la regencia de España. Felipe, el heredero al trono, se embarcaba hacia Inglaterra para casarse con María Tudor, y durante los cinco años siguientes fue su hermana menor, Juana de Austria, quien gobernó en su nombre los territorios peninsulares del imperio más extenso de la Europa del siglo XVI. Lo que la mayoría de los relatos sobre su regencia omiten es que, ese mismo año, esa regente solicitó en secreto su ingreso en una orden religiosa que no admitía mujeres, y lo hizo bajo una identidad masculina que Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, autorizó de su puño y letra. Hasta hoy, Juana de Austria sigue siendo la única mujer que ha pertenecido oficialmente a la Compañía de Jesús en sus casi cinco siglos de historia.
Viuda, embarazada y de regreso a España en menos de dos años
Juana nació el 24 de junio de 1535 en Madrid, hija del emperador Carlos I y de Isabel de Portugal, y por tanto hermana menor de Felipe II. El 11 de enero de 1552 se casó por poderes, en la localidad zamorana de Toro, con su primo hermano Juan Manuel, príncipe heredero de Portugal; el matrimonio, celebrado sin que los novios hubieran llegado siquiera a conocerse en persona, apenas duró dos años. Juan Manuel falleció el 2 de enero de 1554, dejando viuda y embarazada a Juana, que dio a luz a su hijo Sebastián —el futuro rey Sebastián I de Portugal— el 20 de enero de ese mismo año. Cuatro meses después, el 17 de mayo de 1554, Juana regresó a España dejando a su hijo recién nacido al cuidado de su tía Catalina de Austria, entonces reina de Portugal, una decisión que las fuentes disponibles atribuyen a las exigencias políticas del momento: Felipe II necesitaba a alguien de máxima confianza dinástica al frente de la regencia mientras él se ausentaba para su boda inglesa, y Juana, viuda y libre de las obligaciones que la retenían en Lisboa, era la candidata evidente.
Cinco años al frente del imperio, con "entrega personal y sagacidad"
Juana ejerció la regencia entre 1554 y 1559, un periodo en el que, según recogen las fuentes biográficas disponibles sobre su gestión, desempeñó el cargo "con entrega personal y sagacidad", gestionando desde Valladolid los asuntos de gobierno de la península mientras su hermano completaba su periplo matrimonial y diplomático por Inglaterra y los Países Bajos. No fue una regencia simbólica: Juana firmó decretos, gestionó la hacienda real y sostuvo la correspondencia política con las distintas cortes europeas durante un periodo especialmente delicado, marcado por las tensiones religiosas de la Reforma protestante y por los conflictos bélicos que enfrentaban a España con Francia. La regencia terminó formalmente en 1559, con el regreso de Felipe II a España tras la firma de la paz de Cateau-Cambrésis.
Una solicitud secreta, y una autorización firmada por Ignacio de Loyola
Fue precisamente durante ese primer año de regencia, en 1554, cuando Juana solicitó su ingreso en la Compañía de Jesús, la orden religiosa que Ignacio de Loyola había fundado apenas catorce años antes y que en sus primeras constituciones excluía expresamente la admisión de mujeres. Para sortear esa prohibición, Juana presentó su solicitud bajo el seudónimo masculino de "Mateo Sánchez". Ignacio de Loyola, consciente de la identidad real de la solicitante y del rango que ocupaba —una infanta de España y regente en ejercicio pidiendo entrar, en secreto, en la orden que él mismo dirigía—, le concedió autorización oficial el 3 de enero de 1555 para pronunciar los votos como "escolar de la Compañía de Jesús". Ningún otro documento conocido registra que la Compañía de Jesús haya admitido a otra mujer, bajo ninguna identidad, en el resto de su historia.
Una protectora que impidió que su propio confesor se convirtiera en cardenal
El vínculo de Juana con la Compañía no se limitó a esa admisión secreta. A lo largo de su vida se convirtió en una de las principales protectoras de la orden en España, respaldando activamente el establecimiento de colegios y casas jesuitas en Zaragoza, en Flandes y en Lovaina, en un momento en que la Compañía todavía afrontaba resistencias considerables dentro de la propia Iglesia y de otras órdenes religiosas más asentadas. Su influencia llegó, según recogen las fuentes disponibles sobre su relación con la orden, hasta el punto de intervenir directamente para que Francisco de Borja, su propio confesor y antiguo duque de Gandía antes de ingresar en la Compañía, rechazara el capelo cardenalicio que se le había ofrecido, una decisión que mantuvo a Borja dentro de la estructura interna de la orden jesuita en lugar de elevarlo a la jerarquía eclesiástica general.
El ángulo menos contado: un secreto guardado durante siglos por la propia Compañía
Lo más llamativo de este episodio no es solo que ocurriera, sino cuánto tiempo permaneció como un asunto prácticamente interno de la orden. Durante buena parte de los siglos siguientes, la pertenencia de Juana de Austria a la Compañía de Jesús circuló sobre todo entre historiadores especializados en la orden y en la corte de los Austrias españoles, sin alcanzar la misma difusión que otros episodios de su biografía dinástica, como su regencia o su papel en la fundación del convento de las Descalzas Reales. Ninguna de las fuentes divulgativas en español consultadas para esta historia cita documentación primaria directa —cartas originales de Ignacio de Loyola, actas internas de la Compañía— más allá de referencias bibliográficas generales, lo que obliga a tratar el episodio con la prudencia que exige cualquier dato histórico que se repite de fuente en fuente sin que se acompañe sistemáticamente de la cita textual del documento original. Lo que sí resulta consistente entre las distintas fuentes consultadas es la fecha concreta de la autorización de Loyola, el 3 de enero de 1555, y el nombre exacto del seudónimo utilizado, dos detalles demasiado específicos como para tratarse de una leyenda tardía sin ningún fundamento documental.
Un convento propio, y una muerte a los treinta y ocho años
Juana de Austria fundó también el convento de las Descalzas Reales de Madrid, hoy uno de los monasterios de clausura más conocidos de la capital española, y estableció allí su propio retiro espiritual en los años posteriores al final de su regencia. Murió el 7 de septiembre de 1573 en el monasterio de El Escorial, con solo treinta y ocho años, y fue enterrada, tal como ella misma había dispuesto, en el convento de las Descalzas Reales que había fundado.
Por qué esta historia importa hoy
Juana de Austria gobernó España en uno de los periodos más delicados del reinado de Felipe II sin que su nombre alcance hoy, en español, ni de lejos la notoriedad de otras regentes o gobernantes en la sombra de la historia europea. Que la misma mujer que firmaba decretos como regente del imperio español firmara también, en secreto y bajo un nombre de hombre, su ingreso en la orden religiosa más influyente de la Contrarreforma católica, es el tipo de episodio que rara vez sobrevive con nitidez al paso de los siglos: demasiado específico para inventarlo, demasiado incómodo para las estructuras de poder de su época como para difundirlo abiertamente mientras ella vivía. Casi cinco siglos después, la Compañía de Jesús sigue sin haber admitido a ninguna otra mujer bajo ninguna identidad, lo que convierte el caso de Juana de Austria, seudónimo Mateo Sánchez, en un episodio único y no en el primero de una serie.