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«Hassiba Ben Bouali, si pudieras ver nuestra Argelia»: la resistente que el feminismo argelino invocó después

Hassiba Ben Bouali murió a los diecinueve años cuando el ejército francés voló su escondite en la Casbah de Argel en 1957. Treinta años después, activistas argelinas escribieron su nombre en pancartas.

✍️ Montse 📅 23 de August de 2026 ⏱ 7 min de lectura 👁 22 visitas
«Hassiba Ben Bouali, si pudieras ver nuestra Argelia»: la resistente que el feminismo argelino invocó después

«Hassiba Ben Bouali, si pudieras ver nuestra Argelia»

En 1992, en las calles de Argel, un grupo de activistas feministas empapeló la ciudad con carteles que llevaban una sola frase: «Hassiba Ben Bouali, si pudieras ver nuestra Argelia». No era una consigna dirigida a una figura abstracta de la independencia argelina, sino a una mujer concreta que había muerto treinta y cinco años antes, a los diecinueve, en un rincón de la Casbah de Argel. Las manifestantes de 1992 protestaban contra el ascenso electoral del Frente Islámico de Salvación y contra un Código de Familia, aprobado en 1984, que restringía severamente los derechos de las mujeres argelinas apenas dos décadas después de una guerra de independencia en la que ellas mismas habían combatido, transportado explosivos y muerto junto a los hombres. No era la primera vez que su nombre se invocaba así: en 1985, otro grupo de feministas se había reunido, en un aniversario de su muerte, en el mismo lugar exacto donde había caído, para protestar por esas mismas leyes. Pocas historias resumen mejor la distancia entre lo que promete una guerra de liberación y lo que, después, un Estado decide conceder.

De una familia de El Asnam a la resistencia estudiantil de Argel

Hassiba Ben Bouali nació el 18 de enero de 1938 en El Asnam, la actual Chlef, en el norte de Argelia. Las fuentes no coinciden del todo sobre la posición social exacta de su familia —algunas la describen como acomodada, con un padre médico; otras la sitúan en un entorno más modesto—, pero sí coinciden en que su madre tenía inclinaciones políticas activas que probablemente influyeron en la joven Hassiba. En 1947, con nueve años, la familia se trasladó a Argel, donde cursó estudios secundarios en el Liceo Delacroix y entró en contacto directo con la discriminación sistemática que sufría el alumnado argelino musulmán bajo la administración colonial francesa. El estallido de la revolución argelina en noviembre de 1954 aceleró su compromiso político: en 1955 se incorporó a la Unión General de Estudiantes Musulmanes Argelinos, y en el verano de 1956, con dieciocho años, se afilió formalmente al Frente de Liberación Nacional, el FLN.

Mensajera, logista y organizadora en la Zona Autónoma de Argel

Durante la Batalla de Argel, el enfrentamiento urbano que entre 1956 y 1957 opuso a la resistencia argelina con el ejército francés en el corazón de la capital, Ben Bouali trabajó bajo el mando de Saadi Yacef, responsable de la Zona Autónoma de Argel, y colaboró estrechamente con otra combatiente, Zohra Drif, en tareas de logística y propaganda. Organizó reuniones clandestinas de mujeres para movilizar apoyo a la huelga general de enero de 1957 convocada por el FLN, y transportó explosivos y mensajes aprovechando un margen de movilidad que los hombres no tenían: vestida con ropa de estilo europeo, podía cruzar los controles franceses con menos sospecha que un combatiente varón, una estrategia que decenas de mujeres de la resistencia argelina emplearon durante esos meses y que la propia ocupación colonial, obsesionada con vigilar a los hombres argelinos, tardó en identificar como una amenaza real.

Lo que el cine contó, y lo que los archivos no confirman del todo

La película de Gillo Pontecorvo La batalla de Argel (1966) convirtió a Ben Bouali en una de las imágenes más reconocibles de la resistencia argelina, con una escena en la que se despoja del velo tradicional para cruzar, vestida a la europea, un control militar francés cargando armas para los combatientes. Es la imagen que ha fijado su memoria durante casi sesenta años. Pero conviene señalar, con la misma honestidad con la que se cuenta el resto de su historia, que las fuentes históricas disponibles no confirman su participación directa en operaciones concretas de colocación de bombas, incluido el atentado contra las oficinas de Air France que la película sugiere de forma más ambigua que explícita. Los historiadores atribuyen ese margen de incertidumbre tanto a la naturaleza clandestina de su trabajo real —del que, por definición, apenas quedó rastro documental verificable— como a la tendencia, común en la memoria oficial argelina de posguerra, a construir relatos heroicos más nítidos y unificados de lo que la realidad de la lucha armada, casi siempre fragmentaria y compartimentada, permite reconstruir con precisión.

El final en el número 3 de la calle Abderramés

El 8 de octubre de 1957, paracaidistas franceses al mando del general Jacques Massu localizaron el escondite donde Ben Bouali se refugiaba junto a Ali Ammar —conocido como Ali La Pointe, el combatiente más buscado de la Zona Autónoma de Argel—, otro miembro de la red, Mahmoud Bouhamidi, y un mensajero de trece años, Omar Yacef, conocido como «Petit Omar». Rodeado el edificio en la Casbah, en el número 3 de la calle Abderramés, los militares franceses lanzaron un ultimátum que los ocupantes rechazaron. La respuesta francesa fue colocar explosivos plásticos que hicieron colapsar por completo la estructura, matando en el acto a los cuatro. La onda expansiva, en un barrio densamente construido, causó además la muerte de cerca de diecisiete civiles de los edificios colindantes, un dato que rara vez acompaña a las versiones más heroicas del episodio, pero que forma parte inseparable de lo que ocurrió esa noche. Ben Bouali tenía diecinueve años. Una carta suya, fechada el 28 de febrero de 1957 y dirigida a su familia, se conserva hoy en el Museo Nacional de Artes y Tradiciones Populares de Argel.

Una memoria disputada incluso dentro de Argelia

La glorificación oficial de Ben Bouali como «chahida» —mártir— tras la independencia argelina en 1962 no estuvo exenta de tensiones que rara vez se explican fuera de los círculos académicos especializados. Algunos historiadores han señalado que ese relato oficial tiende a subrayar su muerte heroica mientras minimiza, o directamente omite, el hecho de que algunas operaciones de la resistencia urbana en las que participaron mujeres de su entorno más cercano —aunque no necesariamente ella misma de forma directamente documentada— causaron víctimas civiles francesas, un matiz incómodo que complica el relato de un heroísmo sin ambigüedades. Historiadoras feministas argelinas han señalado, además, una contradicción más amplia y más dolorosa: las mismas mujeres que la revolución necesitó como combatientes, mensajeras y logistas fueron después, en la Argelia independiente, relegadas por leyes como el Código de Familia de 1984 a un estatus jurídico de dependencia que ninguna de ellas había combatido para heredar.

Por qué esta historia importa hoy

En 2022, para conmemorar el sexagésimo aniversario de la independencia argelina, el rostro de Hassiba Ben Bouali apareció en el nuevo billete de 50 dinares, una imagen que hoy circula por miles de manos que probablemente desconocen la historia completa detrás de ese retrato. Reducirla a un símbolo estampado en un billete, o a la escena de una película que ni siquiera los historiadores pueden confirmar del todo, sería repetir el mismo gesto que las feministas argelinas denunciaron en 1985 y en 1992: convertir a una combatiente real, con una biografía concreta y contradictoria como cualquier vida humana, en una consigna vacía que cada generación puede rellenar con el contenido que más le convenga. La pregunta que planteaba aquella pancarta de 1992 —qué pensaría Hassiba Ben Bouali de la Argelia que se construyó sobre su sacrificio— sigue, treinta años después, sin una respuesta que nadie pueda darle en su nombre.

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