La Bauhaus tardó un año en dejarla tocar el barro por ser mujer. Ella fundó su propio taller de cerámica, con 120 empleados, y los nazis se lo arrebataron en varias fases: quién fue Margarete Heymann
Margarete Heymann llegó a la Bauhaus de Weimar en 1920 dispuesta a formarse en cerámica, un taller que la escuela reservaba de hecho a los hombres. Tres años después fundó su propio negocio, que llegó a dar empleo a 120 personas y a exportar a Londres y N
La admitieron en la Bauhaus, pero no en el taller que había ido a buscar
En noviembre de 1920, una joven alemana de veintiún años llamada Margarete Heymann ingresó en la Bauhaus de Weimar, la escuela que prometía disolver las fronteras entre arte, artesanía e industria. No entró, sin embargo, en el taller que la había llevado hasta allí. La cerámica, junto con la arquitectura, se consideraba entonces una disciplina poco adecuada para las alumnas; la propia institución orientaba de forma casi automática a la mayoría de las mujeres hacia el taller de tejeduría, el único que su dirección juzgaba apropiado para ellas, con independencia de cuál fuera su vocación real. Heymann tuvo que insistir dos veces antes de que, en abril de 1921, la admitieran para un semestre de prueba en el taller de cerámica de Dornburg, bajo la dirección del escultor Gerhard Marcks. Trece años más tarde, la mujer a la que casi no dejaron tocar el barro dirigía una fábrica propia con ciento veinte empleados, exportaba a Londres y a Estados Unidos y superaba en volumen de negocio a más de un taller oficial de la propia Bauhaus. Ese mismo año, 1933, tuvo que renunciar a ella.
Un semestre de prueba que terminó en apenas siete meses
Antes de la Bauhaus, Heymann se había formado en la Escuela de Artes Aplicadas de Colonia y en la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf. En Weimar coincidió en las aulas con Paul Klee, Georg Muche y Gertrud Grunow, algunos de los nombres que definirían la identidad visual de la escuela. Sin embargo, abandonó la institución el 2 de noviembre de 1921 —apenas siete meses después de conseguir la plaza por la que tanto había insistido— en circunstancias que las fuentes disponibles no logran explicar con precisión: fue eliminada formalmente del registro de estudiantes en marzo de 1922, sin que se conserve documentación concluyente sobre el motivo real de su marcha. Lo que sí está claro es lo que hizo después: en 1923, con apenas veinticuatro años, fundó junto a su marido, Gustav Loebenstein, y el hermano de este, Daniel, los Talleres Haël de Cerámica Artística en Marwitz, al norte de Berlín, un negocio propio en el que por fin pudo aplicar, sin permiso de nadie, todo lo que la Bauhaus le había enseñado a medias.
Un éxito comercial que sobrevivió a la Gran Depresión y a la muerte de su marido
Los diseños de Haël combinaban formas geométricas depuradas, colores intensos y esmaltes mate, un lenguaje visual que conectaba directamente con la estética Bauhaus pero aplicado, a diferencia de buena parte de la producción de la escuela, a un negocio pensado desde el principio para venderse a gran escala. La fábrica llegó a emplear a ciento veinte personas y a exportar su producción a Londres y a Estados Unidos. El 24 de agosto de 1928, un accidente de automóvil mató a la vez a Gustav Loebenstein y a su hermano Daniel, dejando a Heymann, con dos hijos pequeños —Michael, nacido en 1924, y Stephan, nacido en 1927—, como única responsable de la dirección del negocio. La Gran Depresión golpeó con dureza los años siguientes: la facturación de la empresa cayó de 696.950 marcos en 1928 a apenas 112.095 en 1932, y la compañía encadenó pérdidas en 1931 y 1932. Aun así, Haël sobrevivió donde otros no lo hicieron: el servicio de té "Norma", lanzado en 1932, se convirtió en un éxito comercial que permitió a la empresa seguir operando mientras numerosos negocios cerámicos de Marwitz quebraban bajo la misma presión económica.
El ángulo menos contado: una expropiación que no fue un solo golpe, sino varios
La versión simplificada de lo que ocurrió después suele resumirse en una frase: "los nazis le quitaron su empresa". Los hechos documentados son más lentos y, en cierto modo, más reveladores de cómo funcionó realmente la persecución económica del régimen. Haël cerró en julio de 1933, oficialmente por dificultades económicas, aunque las fuentes especializadas en su figura señalan el origen judío de Heymann como factor determinante de esa decisión. En octubre de ese año intentó rehacer su vida y su negocio en Jerusalén, pero abandonó el proyecto en noviembre. Mientras tanto, en abril de 1934 el taller de Marwitz reabrió bajo un nuevo nombre, HB-Werkstätten für Keramik, con Hedwig Bollhagen como directora artística; según recoge la Wikipedia en inglés, Heymann conservó al principio una participación en los beneficios de hasta el cincuenta por ciento del catálogo de productos, una cifra que sugiere que la transición no fue, al menos en su primera fase, una confiscación limpia y total. Las fuentes consultadas no permiten precisar cuánto tiempo se mantuvo vigente ese reparto ni en qué condiciones se fue reduciendo. Lo que sí documenta con precisión la revista nazi Der Angriff es el paso siguiente: en mayo de 1935 calificó los diseños de Heymann de "arte degenerado" y "de calidad inferior", una descalificación pública que servía, de facto, para legitimar ante la opinión alemana un despojo que ya estaba en marcha desde años antes por vías puramente administrativas y económicas.
De Jerusalén a Stoke-on-Trent: rehacer una carrera de cerámica dos veces
Heymann emigró definitivamente a Gran Bretaña el 30 de diciembre de 1936, vía Ámsterdam. En Stoke-on-Trent, la capital histórica de la industria cerámica inglesa, tuvo que empezar de nuevo desde el escalón más bajo: consiguió en 1937 un puesto de aprendiz de diseño, pese a llevar más de una década dirigiendo su propia fábrica en Alemania. Trabajó para firmas como Ridgway y E. Brain & Co., y en 1938 fundó una nueva empresa, "Greta Pottery", junto a su segundo marido, el educador Harold Marks. Durante la guerra se instaló en Derbyshire, donde crio a la hija de ambos, Frances, nacida en 1941. Después de 1945 dirigió un taller de murales en Londres y se dedicó también a la docencia. El reconocimiento oficial como víctima del nazismo le llegó en 1961; la indemnización correspondiente, en 1985, más de cincuenta años después de la pérdida de su primer negocio. Murió en Londres el 11 de noviembre de 1990, a los noventa y un años.
Por qué esta historia importa hoy
De las mujeres que pasaron por la Bauhaus, la historiografía en español ha prestado atención sobre todo a Gunta Stölzl, primera maestra de la escuela, y a diseñadoras como Anni Albers, ambas del taller de tejeduría al que la institución dirigía por defecto a sus alumnas. Margarete Heymann representa un caso distinto: el de una mujer que consiguió entrar, contra la costumbre de la propia escuela, en el taller que se le negaba, y que después demostró fuera de la Bauhaus —con una fábrica propia, cientos de empleados a lo largo de los años y una cartera de clientes en tres países— que aquella negativa inicial no tenía ningún fundamento práctico. En 2023, el Museo Bröhan de Berlín le dedicó una exposición monográfica que repasó sus talleres cerámicos entre 1923 y 1934. En español, sin embargo, su nombre apenas aparece más allá de algún blog especializado en cerámica o en historia de mujeres artistas. La pieza que falta en su biografía no es dramática ni cinematográfica: es, simplemente, la pregunta de cuánto conservó realmente, entre 1934 y el día en que emigró, de la empresa que había levantado desde cero. Esa cifra —el porcentaje exacto, sostenido en el tiempo, de lo que le arrebataron— es la que ninguna fuente disponible ha terminado de reconstruir.