La espía real que inspiró 'Deseo, peligro': quién fue de verdad Zheng Pingru
Ang Lee llevó su historia al cine en 2007 envuelta en escenas explícitas que generaron polémica y censura en China. Setenta años antes, esta joven de poco más de veinte años sedujo al jefe de la policía secreta de un régimen colaboracionista.
Nanjing Road, 21 de diciembre de 1939
Dos hombres armados esperaban junto a una tienda de pieles en Nanjing Road, la principal arteria comercial de la Shanghái ocupada, cuando una joven convenció a su acompañante de detener el coche para hacer una compra. El hombre, Ding Mocun, jefe de la policía secreta del régimen colaboracionista de Wang Jingwei bajo ocupación japonesa, presintió el peligro en el último instante, dio media vuelta hacia su vehículo y escapó bajo disparos que no llegaron a alcanzarlo. La joven que lo había llevado hasta allí, y que se quedó atrás cuando él huyó, se llamaba Zheng Pingru. Tenía poco más de veinte años, y aquella no era su primera ni sería su última cita con la muerte.
Una Shanghái partida en dos
Tras la invasión japonesa de China en 1937, Shanghái quedó dividida entre zonas bajo control directo japonés y un régimen chino colaboracionista encabezado por Wang Jingwei, antiguo dirigente nacionalista que optó por gobernar bajo tutela de Tokio. Ding Mocun dirigía el aparato de seguridad de ese régimen desde la tristemente célebre sede de Jessfield Road número 76, un centro de detención e interrogatorios temido por buena parte de la resistencia china clandestina. Fue precisamente ese cargo, y la fama de mujeriego que lo acompañaba, lo que convirtió a Ding en objetivo de una operación de inteligencia orquestada por el Buró Central de Investigación y Estadística del Gobierno nacionalista.
Entre dos identidades
Zheng Pingru nació, según las fuentes disponibles, en 1918 —aunque algún relato sitúa su nacimiento en 1914, una discrepancia que ninguna biografía reciente ha resuelto del todo— en Lanxi, en la provincia de Zhejiang, y creció en Shanghái, donde su padre, Zheng Yueyuan, revolucionario nacionalista y seguidor de Sun Yat-sen, daba clases en la Universidad de Fudan. Su madre, Hanako Kimura, era japonesa, y le transmitió un dominio fluido del idioma que resultaría decisivo para su futura misión. Zheng era la segunda de cinco hermanos; uno de ellos, piloto, murió en un ataque japonés, una pérdida que se cita habitualmente como parte de su motivación personal para implicarse en la resistencia. Antes de convertirse en agente había sido una socialité conocida en los círculos sociales de Shanghái, había aparecido en la portada de la revista The Young Companion en 1937 y aspiraba a una carrera como actriz, un proyecto al que su padre se oponía. Estudió en la Escuela de Política y Derecho de Shanghái antes de ser reclutada, hacia 1939, para infiltrarse en el entorno de Ding Mocun.
Su reclutamiento no fue casual ni improvisado. Según distintos relatos sobre el caso, fue un viejo amigo de su padre, Chen Guofu, entonces ministro de Organización del Kuomintang, quien planteó a la familia la posibilidad de que Zheng colaborara con los servicios de inteligencia nacionalistas; a partir de ahí, se la formó en las técnicas propias de una agente encubierta. Quienes la trataron en esa época la describen como una mujer de trato cálido y sociable, capaz de tejer una red de más de un centenar de contactos —oficiales, funcionarios civiles y altos cargos— dentro de los círculos militares japoneses de la ciudad, una habilidad que explotó primero como intérprete para mandos de la inteligencia naval japonesa y traductora de las comunicaciones militares por radio antes de que se le encomendara la misión contra Ding Mocun. Algunas fuentes le atribuyen incluso haber participado en el secuestro del hijo de un alto cargo japonés, liberado después por las propias autoridades chinas para no precipitar una escalada del conflicto, aunque este episodio concreto no aparece corroborado con el mismo grado de detalle que el resto de su biografía y conviene tomarlo con cautela.
La trampa
La posición de Zheng era, según ha señalado la investigación histórica sobre el caso, casi única: hablaba japonés con fluidez y tenía vínculos familiares con la comunidad japonesa de la ciudad a través de su madre, lo que le daba credibilidad ante Ding, pero procedía también de una familia nacionalista con motivos personales de sobra para querer verlo muerto. A partir de marzo de 1939 cultivó una relación romántica con él, explotando su reputación de hombre mujeriego. Un primer intento de emboscada, a comienzos de diciembre de 1939, fracasó cuando Ding se negó a entrar en el domicilio de Zheng, donde le esperaban los pistoleros. El segundo intento, el del 21 de diciembre en Nanjing Road, terminó de la misma forma: con Ding huyendo y Zheng expuesta.
Captura y ejecución
Ding relacionó rápidamente a Zheng con el atentado. Días después del segundo intento, ella fue detenida por Li Shiqun, otro alto cargo del aparato de seguridad del régimen, cuando acudió a la sede de Jessfield Road; llevaba encima una pistola Browning. Pese a los intentos de reclutarla para el propio régimen colaboracionista, Zheng se negó a cooperar. Fue ejecutada en secreto cerca de Zhongshan Road, en el oeste de Shanghái, en febrero de 1940, con apenas veintidós años.
El hombre al que Zheng no logró matar tampoco escapó, al final, a la justicia. Tras la rendición de Japón en 1945, Ding Mocun fue detenido en septiembre de ese año y juzgado por traición; alegó en su defensa que había actuado como espía infiltrado por orden del propio servicio secreto nacionalista, una versión que el tribunal no aceptó. Fue condenado en febrero de 1947 y fusilado en la prisión de Suzhou el 5 de julio de ese año, con unos cuarenta y cinco o cuarenta y seis años. La sede de la que Ding dirigió su aparato represivo, el número 76 de Jessfield Road, se había convertido durante la ocupación en uno de los lugares más temidos de Shanghái, un centro de detención donde se interrogaba y, en ocasiones, se ejecutaba a sospechosos comunistas y nacionalistas; siete años después del intento fallido de Zheng, fue el propio Ding quien terminó frente a un pelotón de fusilamiento, condenado por el mismo bando al que ella había servido.
El ángulo menos contado: patriota, no personaje de ficción
Durante décadas, la reputación de Zheng Pingru quedó atrapada entre dos relatos contrapuestos: el de una patriota que dio su vida por una misión de inteligencia, y el de una mujer de moral cuestionada por los métodos —la seducción— que había empleado para acercarse a su objetivo, una lectura que distintos historiadores han señalado como profundamente injusta y marcada por el doble rasero con el que se ha juzgado históricamente a las mujeres que participaron en operaciones de espionaje. La disputa sobre cómo recordarla no se resolvió de forma pública hasta 2009, cuando se inauguró en Qingpu una estatua de bronce que la representa en el momento de su ejecución.
Ese mismo debate se reavivó, de forma indirecta, cuando la escritora Eileen Chang ficcionalizó una historia inspirada en el caso de Zheng en su relato corto Lujuria, precaución, que el director Ang Lee llevó al cine en 2007 con Tang Wei y Tony Leung como protagonistas. La película, con escenas explícitas que generaron controversia y censura en China, tomó libertades notables respecto a los hechos documentados sobre Zheng: según críticos citados en distintas revisiones históricas del caso, la adaptación «distorsionó de forma perversa» los hechos heroicos de la espía real, desplazando el foco desde la operación de inteligencia hacia una historia de atracción ambigua hacia el hombre al que debía asesinar, un giro narrativo que la propia Zheng, ejecutada setenta años antes del estreno, nunca pudo desmentir ni matizar.
Por qué importa hoy
En español, buscar el nombre de Zheng Pingru devuelve casi exclusivamente resultados sobre la película que la ficcionalizó, no sobre la mujer que existió antes que ella. Esa asimetría —una historia real reducida a nota a pie de página de su propia adaptación cinematográfica— no es exclusiva de su caso, pero pocas lo ilustran con tanta claridad: una joven de poco más de veinte años que arriesgó, y perdió, la vida en una operación de espionaje real terminó siendo recordada, fuera de China, sobre todo por unos minutos de metraje que ni siquiera pretendían ser fieles a lo que de verdad ocurrió en Nanjing Road aquel diciembre de 1939.