Le atribuyeron haber hecho retroceder al ejército de EE. UU. con un rifle. Sus propios alumnos, décadas después, contaron otra historia
El 12 de abril de 1916, el pueblo de Parral se alzó contra las tropas que el general Pershing había enviado a Chihuahua para capturar a Pancho Villa. La versión oficial atribuye el levantamiento a la maestra Elisa Griensen,
Una columna de caballería estadounidense entra en Parral persiguiendo a Pancho Villa
La mañana del 12 de abril de 1916, una columna de caballería del ejército de Estados Unidos al mando del mayor Frank Tompkins entró en Hidalgo del Parral, en el sur de Chihuahua, como parte de la llamada Expedición Punitiva: unos quince mil soldados estadounidenses que el general John J. Pershing había desplegado en territorio mexicano semanas antes, por orden del presidente Woodrow Wilson, para capturar a Francisco "Pancho" Villa tras su ataque al pueblo fronterizo de Columbus, en Nuevo México. Tompkins sostuvo después que había entrado en Parral invitado por el general mexicano Ismael Lozano; los vecinos de la ciudad, y buena parte de la historiografía mexicana posterior, cuestionaron esa versión desde el principio. Lo que ocurrió esa misma tarde, en cualquier caso, no admite tanta discusión: la población de Parral se levantó contra la presencia de las tropas estadounidenses, las obligó a retirarse en desorden hacia las afueras de la ciudad, y el propio Pershing citaría después el episodio como uno de los factores que precipitaron el fracaso de toda la expedición.
Un ataque nocturno en Nuevo México que desató once meses de persecución
El origen de toda la campaña se remonta al 9 de marzo de 1916, cuando las fuerzas de Pancho Villa cruzaron la frontera y atacaron por sorpresa el pueblo de Columbus, en Nuevo México, en un asalto que dejó cerca de una veintena de muertos estadounidenses, entre soldados y civiles, además de decenas de villistas caídos en el contraataque. La respuesta de Washington fue inmediata: el 14 de marzo, Wilson autorizó a Pershing a entrar en territorio mexicano al frente de una expedición que se prolongaría, oficialmente, hasta el 17 de febrero de 1917 —casi once meses— sin lograr nunca su objetivo declarado de capturar a Villa, y que además de los sucesos de Parral incluyó otros enfrentamientos directos entre tropas mexicanas y estadounidenses, como la batalla de Carrizal en junio de ese mismo año, que estuvo a punto de desembocar en una guerra abierta entre ambos países.
La versión que Chihuahua ha celebrado durante más de un siglo
La versión oficial, la que hoy se repite cada 12 de abril en actos conmemorativos en Chihuahua, atribuye el liderazgo de aquel levantamiento a Elisa Griensen, una maestra parralense de veintiocho años, hija de un inmigrante alsaciano y de una mujer chihuahuense de ascendencia española, huérfana desde los cuatro años y educada en parte en Estados Unidos. Según esa versión, ante la negativa de las autoridades locales a confrontar a las tropas invasoras, Griensen entró en una escuela primaria cercana, tomó la bandera nacional y arengó a los vecinos —"niños, niñas y mujeres", según describen las crónicas locales— para que salieran a las calles a increpar a los soldados estadounidenses al grito de vivas a Villa y a México. Algunas fuentes añaden un detalle más contundente: que Griensen consiguió un rifle Máuser del arsenal municipal y disparó los primeros tiros contra la tropa. Perseguidos por la multitud, que además de gritos e insultos empezó a lanzar piedras, palos y verduras, los soldados de Tompkins se replegaron hasta Santa Cruz de Villegas, a las afueras de la ciudad, dejando dos muertos y varios heridos, entre ellos el propio Tompkins.
Lo que sus propios alumnos contaron décadas más tarde
Aquí es donde esta historia se vuelve más honesta —y más interesante— que la versión de manual escolar. Décadas después de los hechos, un antiguo alumno de Griensen llamado Edgar Kock ofreció un relato distinto: según su testimonio, fueron los propios escolares del plantel donde ella enseñaba quienes iniciaron la revuelta, a base de gritos, abucheos y pedradas contra los soldados, y Griensen se sumó a la protesta solo después, cuando la retirada de las tropas ya había comenzado. Otros tres antiguos alumnos suyos dieron versiones parcialmente contradictorias entre sí sobre los detalles exactos de esa tarde, pero coincidieron en un punto: que fueron los niños, no la maestra, quienes prendieron la mecha. El propio mayor Tompkins, en el relato que escribió tiempo después sobre el incidente, atribuyó la responsabilidad al general Lozano y no mencionó en ningún momento el nombre de Elisa Griensen, lo que añade una tercera versión —la del oficial estadounidense derrotado— a una historia que, cien años después, sigue sin tener un relato único e indiscutible.
Una disputa que la propia historia local nunca ha resuelto del todo
Ninguna de estas versiones alternativas ha logrado desplazar del todo a la narrativa que convirtió a Griensen en heroína: los homenajes municipales, los murales y los actos del 8 de marzo en Chihuahua siguen presentándola como la mujer que, rifle en mano, hizo retroceder al ejército más poderoso del continente. Pero la honestidad histórica exige reconocer que la evidencia disponible no permite zanjar con total certeza cuánto de ese protagonismo individual es exacto y cuánto es una simplificación posterior de un levantamiento colectivo y espontáneo en el que participaron, según casi todas las fuentes, decenas de vecinos, escolares incluidos, sin que ninguno de ellos —Griensen tampoco— actuara completamente solo.
Una heroína de Chihuahua que el resto de México apenas conoce
Este vaivén entre versiones convive con otra paradoja más amplia: mientras la Revolución mexicana ha convertido en figuras nacionales a varias mujeres combatientes —desde las llamadas soldaderas hasta coronelas como Petra Herrera—, Elisa Griensen sigue siendo, sobre todo, una heroína de escala regional. Su nombre aparece con frecuencia en la prensa de Chihuahua y en los homenajes locales de cada aniversario, pero rara vez figura junto al de otras mujeres de la Revolución en los libros de texto que se usan en el resto del país, pese a que su historia está directamente entrelazada con uno de los episodios de política internacional más conocidos de todo el periodo revolucionario: la persecución de Pancho Villa por el ejército de Estados Unidos.
El ángulo menos contado: un episodio local que Pershing convirtió en parte de la historia diplomática de dos países
Lo que casi nunca se cuenta junto a la anécdota local es la dimensión que aquel enfrentamiento callejero llegó a tener en la política internacional del momento. La Expedición Punitiva llevó a Estados Unidos y México al borde de una guerra abierta durante buena parte de 1916, con enfrentamientos armados directos entre tropas de ambos países en localidades como Carrizal apenas dos meses después de los hechos de Parral. El repliegue forzado de las tropas de Tompkins, sumado a la resistencia diplomática y militar mexicana en otros puntos del país, contribuyó a convencer a Washington de que la expedición no lograría ni capturar a Villa ni sostenerse políticamente, y Pershing —que años más tarde comandaría las fuerzas expedicionarias estadounidenses en la Primera Guerra Mundial— citaría explícitamente el episodio de Parral como una de las señales de que la misión en Chihuahua estaba condenada al fracaso. Que un levantamiento vecinal protagonizado en gran parte por escolares y por una maestra de pueblo terminara pesando en la decisión de retirar a un ejército de quince mil soldados es, probablemente, el dato menos repetido de toda esta historia, y el que mejor explica por qué merece contarse con algo más de detalle que una efeméride local.
Por qué esta historia importa hoy
Elisa Griensen se casó más tarde con el ingeniero civil Óscar Martínez, tuvo una hija, Delia Rosario, y murió en Ciudad Juárez en noviembre de 1972 —el día exacto varía según la fuente, el 13 o el 14—, a los ochenta y cuatro años. Su nombre sigue siendo, sobre todo, un nombre de Chihuahua: muy citado en la prensa regional y en los actos conmemorativos locales, prácticamente ausente de la narrativa nacional mexicana sobre la Revolución y casi desconocido fuera de México, pese a que la historia en la que aparece —la persecución de Pancho Villa por el ejército estadounidense— es uno de los episodios de la Revolución mexicana con más proyección internacional. Que el protagonismo exacto de Griensen en esa tarde de abril de 1916 siga siendo objeto de discusión, en lugar de restarle interés a su historia, es probablemente lo que la hace más honesta que la de tantas otras heroínas convertidas, sin matices, en estatua.