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Su padre fue expulsado de Japón por espía; a ella la vigilaron toda la vida por ser su hija. Aun así, se convirtió en la primera médica occidental del país

Kusumoto Ine nació en 1827 en Nagasaki, hija de un médico alemán desterrado y de una cortesana japonesa. Se formó en secreto con los propios discípulos de su padre y acabó atendiendo a la familia imperial japonesa. En español, su historia no existe.

✍️ Montse 📅 07 de September de 2026 ⏱ 8 min de lectura 👁 6 visitas
Su padre fue expulsado de Japón por espía; a ella la vigilaron toda la vida por ser su hija. Aun así, se convirtió en la primera médica occidental del país

Una hija vigilada por el delito de su padre

En 1829, cuando Ine tenía apenas dos años, las autoridades del shogunato Tokugawa expulsaron para siempre de Japón a su padre, el médico alemán Philipp Franz von Siebold, acusado de intentar sacar del país mapas y documentos considerados secretos de Estado, en un episodio que la historiografía japonesa conoce como el «incidente Siebold». A la madre de Ine, Kusumoto Taki, una cortesana del barrio de placer de Maruyama, en Nagasaki, y a la propia niña se les prohibió abandonar Japón para reunirse con él. Crecieron bajo la sombra de esa prohibición, en un país que en aquellos años mantenía cerradas casi todas sus fronteras al exterior y que veía con recelo cualquier vínculo con extranjeros. Ese mismo estigma, el de ser la hija mestiza de un médico occidental expulsado por espionaje, es el que Ine tuvo que sortear durante buena parte de su vida antes de convertirse, contra todo pronóstico, en la primera mujer médica de medicina occidental de la historia de Japón.

Aprender la medicina de un padre al que no podía ver

Sin acceso directo a su propio padre, Ine aprendió medicina occidental a través de los discípulos japoneses que Siebold había formado antes de su expulsión, una red de antiguos alumnos —entre ellos Ninomiya Keisaku, Ishii Sōken, en el dominio de Okayama, y Abe Roan, en Nagasaki— que mantuvo vivo el legado médico del padre ausente a través de la hija. Se especializó en obstetricia, un campo en el que la ausencia casi total de médicas mujeres en la medicina tradicional japonesa hacía particularmente valiosa, y en ocasiones más aceptable socialmente, la presencia de una practicante femenina para atender a otras mujeres. Más adelante estudió también con J. L. C. Pompe van Meerdervoort en el Yōjōsho de Nagasaki, la primera escuela de medicina occidental abierta oficialmente en Japón, en 1861, y con el médico neerlandés Antonius Bauduin, con quien profundizó en obstetricia. Según distintas fuentes, Ine llegó a presenciar una disección de cadáver humano bajo la supervisión de Van Meerdervoort, algo excepcional para cualquier mujer japonesa de mediados del siglo XIX.

El recelo hacia su origen mestizo la persiguió incluso en su identidad legal: el señor feudal Date Munenari, uno de los daimios que más abiertamente protegió y financió su formación, llegó a organizar un cambio de nombre —de Shiimoto, adaptación japonesa del apellido de su padre, a Kusumoto Itoku— para reducir la exposición pública de una mujer cuyo origen podía convertirla, en cualquier momento, en blanco de sospechas políticas.

El episodio que ningún resumen divulgativo debería pasar por alto

La biografía de Ine incluye también un episodio que los historiadores han empezado a nombrar con mayor claridad solo en las últimas décadas: en 1851, durante su formación con Ishii Sōken, quedó embarazada de una hija a la que llamó Tada, palabra que en japonés evoca la idea de «libre» o «gratuita», un nombre que ella misma explicó como un regalo del cielo. Distintos historiadores especializados en su figura han señalado que, dada la relación de poder entre un maestro y su discípula en el Japón del periodo Edo, es probable que ese embarazo no fuera consentido, aunque ninguna fuente de la época permite establecerlo con la certeza de un testimonio directo de Ine. Conviene señalar esa incertidumbre en lugar de zanjarla: lo único que consta con claridad documental es el embarazo, el nombre que Ine eligió para su hija y el hecho de que, pese a las circunstancias, continuó su formación médica sin que aquel episodio truncara su carrera, algo que en sí mismo dice bastante sobre su determinación. Su hija, más tarde conocida como Takako, se casó en 1866 con Mise Shūzō.

De la sospecha política a la consulta de la familia imperial

Tras la Restauración Meiji de 1868, que abrió Japón al mundo exterior y desmontó buena parte del sistema que durante décadas la había mantenido bajo sospecha por su origen, Ine se trasladó a Tokio, donde ejerció como una de las escasas médicas occidentales del país. En 1873 fue llamada para atender el parto de una concubina del emperador Meiji, Hamuro Mitsuko, un episodio que resume bien tanto el prestigio que había alcanzado como los límites de la medicina de su tiempo: el parto terminó en tragedia, con el bebé nacido sin vida y la propia madre fallecida cuatro días después, pese a lo cual la casa imperial reconoció su intervención con una compensación de cien yenes, una suma considerable para la época que documenta el reconocimiento oficial a su labor, más allá del desenlace clínico. Once años más tarde, en 1884, obtuvo la licencia oficial de matrona bajo el nuevo sistema regulador de la era Meiji, formalizando por fin, con el respaldo del Estado japonés moderno, una práctica médica que llevaba décadas ejerciendo de facto.

El ángulo menos contado: un nombre que no existe en español

Aquí está el dato que ningún resumen en español ha explicado hasta ahora, porque sencillamente no existe: una búsqueda del nombre de Kusumoto Ine en español no devuelve un solo artículo periodístico o divulgativo dedicado a ella. Los resultados que sí aparecen en español remiten, de forma casi sistemática, a otra pionera distinta —Ogino Ginko, la primera mujer en obtener una licencia médica bajo el sistema formal de exámenes de la era Meiji, y que sí cuenta con una novela biográfica traducida al español—, lo que sugiere que ambas figuras se confunden con facilidad incluso entre quienes buscan información sobre las pioneras médicas japonesas. En inglés y en francés, por el contrario, la figura de Ine cuenta con estudios académicos específicos —incluida una reevaluación feminista publicada en 2020 en la revista Japanese Studies— y con artículos de divulgación dedicados en exclusiva a su trayectoria. La distinción entre Ine y Ogino Ginko no es un simple matiz académico: Ine practicó la medicina occidental de forma autodidacta y semiclandestina casi dos décadas antes de que existiera ningún marco legal japonés que reconociera a las mujeres médicas, mientras que Ogino Ginko fue la primera en obtener ese reconocimiento formal ya en 1885, dentro de un sistema regulado que la propia trayectoria de Ine había contribuido a hacer pensable.

Por qué importa hoy

Kusumoto Ine murió en Tokio el 27 de agosto de 1903, a los setenta y seis años, aparentemente por una intoxicación alimentaria tras comer anguila de agua dulce y sandía, sin haberse casado nunca y manteniendo hasta el final el contacto con sus medio hermanos alemanes, Alexander y Heinrich von Siebold. Su vida entera transcurrió en el filo de dos mundos que la miraban con recelo por razones opuestas: para las autoridades japonesas de su infancia, era la hija sospechosa de un espía extranjero; para buena parte de la profesión médica de su tiempo, era una mujer ejerciendo un oficio reservado a los hombres. Que lograra, pese a ambos obstáculos, formarse en secreto con los discípulos de un padre al que apenas pudo ver, atender partos en la más alta esfera del poder japonés y obtener finalmente el reconocimiento oficial del Estado que durante años había desconfiado de ella, dice bastante sobre lo que puede llegar a lograr una mujer decidida incluso cuando el sistema entero está diseñado para dificultárselo. Que su nombre, sin embargo, siga sin tener un solo artículo dedicado en un idioma hablado por más de quinientos millones de personas es, quizá, la mejor prueba de cuánto trabajo divulgativo queda todavía por hacer.

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