Tirzah Garwood pintó sus cuadros más luminosos mientras se moría, y llamó a ese año el más feliz de su vida
Grabadora de éxito precoz y esposa del pintor Eric Ravilious, Tirzah Garwood pasó décadas eclipsada por la fama de su marido.
Veinte cuadros pequeños en su último año de vida, y una frase que sorprende por su serenidad
En 1950, con un cáncer que había regresado tras casi una década en remisión, Tirzah Garwood ingresó en una residencia médica cerca de Colchester, en el este de Inglaterra. Los dolores se controlaban con radioterapia profunda y tratamiento hormonal con testosterona, según los métodos disponibles en la época. En ese último año, lejos de detener su trabajo, completó no menos de veinte pequeños óleos de pájaros, insectos y escenas naturales tratados con una luz casi onírica, en tonos que sus estudiosos describen entre los más logrados de toda su carrera. Una amiga que la visitó por entonces recordaría después su "determinación, alegría y coraje". La propia Garwood llegó a decir, según reconstruyen sus biógrafos, que aquel fue el año más feliz de su vida. Murió el 27 de marzo de 1951, a los cuarenta y dos años. Setenta y tres años después, en noviembre de 2024, la Dulwich Picture Gallery de Londres inauguró la primera gran retrospectiva dedicada por completo a su obra.
La alumna que igualó, en talento precoz, al profesor con el que después se casaría
Nacida Eileen Lucy Garwood el 11 de abril de 1908 en Gillingham, condado de Kent, hija de un oficial de los Royal Engineers, recibió de niña el apodo de Tirzah por parte de sus hermanos, en referencia a un personaje bíblico. Estudió en la Escuela de Arte de Eastbourne a partir de 1925, donde uno de sus profesores era un joven pintor y grabador llamado Eric Ravilious. Su primer grabado documentado data del 24 de noviembre de 1926, y en apenas un año se convirtió en una de las grabadoras en madera más prometedoras de su generación: en 1927 expuso Las cuatro estaciones en la Redfern Gallery de Londres, y el propio diario The Times elogió sus primeros xilograbados. Recibió encargos de la Kynoch Press y de la BBC, entre ellos un nuevo diseño del escudo corporativo de la emisora y las ilustraciones para una edición de El progreso del peregrino en 1928.
De alumna a esposa, de profesión propia a nombre subordinado
Garwood se casó con Ravilious, su antiguo profesor, el 5 de julio de 1930 en Kensington; una placa azul conmemora hoy la vivienda de Hammersmith donde vivieron sus primeros dos años de matrimonio. En 1931 se trasladaron al campo, al condado de Essex, y en 1934 compraron Bank House, en Castle Hedingham, donde tuvieron a sus tres hijos: John, James —que se convertiría en un reconocido fotógrafo— y Anne, que décadas más tarde editaría la obra de ambos padres. Dentro del círculo de artistas conocido como los Great Bardfield Artists, Garwood, inspirada por su amiga Charlotte Bawden, desarrolló una técnica propia de papel jaspeado con motivos de formas naturales casi oníricas que empleó en pantallas de lámparas y encuadernaciones, y de la que se conservan hoy piezas en el Victoria and Albert Museum de Londres. Pese a ese reconocimiento técnico, su carrera fue quedando, año tras año, subordinada en visibilidad pública a la de su marido, cuya obra como pintor de paisajes y artista oficial de guerra creció con fuerza durante toda la década de 1930.
Una mastectomía, un accidente aéreo, y una viuda a la que el Estado hizo esperar su pensión
En el invierno de 1941, a Garwood le diagnosticaron cáncer de mama, y en marzo de 1942 fue sometida a una mastectomía de urgencia. Durante la convalecencia, entre marzo y mayo de ese mismo año, escribió sus propias memorias, un manuscrito que en un principio pensaba solo para su familia. El 2 de septiembre de 1942, mientras se desplazaba como artista oficial de guerra encargado de documentar una misión de reconocimiento aéreo para el Comité Asesor de Artistas de Guerra, Eric Ravilious murió en un accidente de avión frente a la costa de Islandia; su cuerpo nunca fue recuperado. Garwood, viuda con tres hijos pequeños y todavía recuperándose de su propia enfermedad, tuvo que esperar más de un año a que el Gobierno británico le reconociera la pensión de viudedad y los haberes pendientes de su marido, una demora que agravó unas dificultades económicas ya considerables.
El ángulo menos contado: los años más productivos de su carrera llegaron después de perderlo todo
Aquí está la parte de la biografía de Tirzah Garwood que la mayoría de los resúmenes centrados en su matrimonio con Ravilious apenas desarrollan. Lejos de apagarse tras la muerte de su marido, Garwood retomó la pintura al óleo con una intensidad nueva desde su granja de Boydells, cerca de Wethersfield, en lo que sus biógrafos describen como algunos de los años más productivos de toda su carrera artística, centrados en escenas de aves e insectos tratadas con una sensibilidad que ya no dependía de ningún encargo ni de la sombra profesional de nadie. En 1946 se casó en segundas nupcias con el productor de radio angloirlandés Henry Swanzy, y se instalaron en Hampstead. El cáncer regresó en 1948. El manuscrito de sus memorias, titulado después Long Live Great Bardfield & Love to You All, permaneció inédito durante seis décadas hasta que su hija Anne Ullmann lo editó y publicó en 2012; el crítico Robert Radford ha señalado que su valor principal está en iluminar "la situación de una joven artista mujer en las décadas centrales del siglo XX", enfrentada a las dudas sobre su propia legitimidad como creadora independiente.
Un marido que sí entró solo en la historia del arte británico
La asimetría es fácil de medir con un solo dato: Eric Ravilious cuenta desde hace décadas con monografías, murales conservados como patrimonio protegido en el Midland Hotel de Morecambe y una demanda constante de sus acuarelas de paisaje en el mercado del arte británico, mientras que la obra de su esposa permaneció, hasta 2024, dispersa entre la Towner Gallery de Eastbourne, la Fry Art Gallery de Saffron Walden y fondos privados familiares, sin una institución que reuniera su producción completa en una sola exposición. No hay indicios de que Ravilious minimizara deliberadamente el trabajo de Garwood mientras vivió; de hecho, la animó a exponer y compartieron encargos, como los murales de Morecambe de 1933. El desequilibrio se construyó después, en las décadas en que la crítica de arte británica del siglo XX prefirió consolidar la figura del "artista de guerra caído en combate" antes que revisar el archivo, más disperso y menos dramático en apariencia, de la mujer que le sobrevivió.
Por qué esta historia importa hoy
La retrospectiva de la Dulwich Picture Gallery, abierta entre noviembre de 2024 y mayo de 2025, ha sido descrita por la prensa cultural británica como la primera gran exposición dedicada por completo a Tirzah Garwood, más de setenta años después de su muerte y de una modesta muestra conmemorativa que la Towner Gallery de Eastbourne le dedicó en 1952. En un giro final que resume bien lo fácil que resulta que el legado de una artista se pierda, Copford Place, la casa donde pasó sus últimos años, fue destruida por un incendio provocado en noviembre de 2024, casi al mismo tiempo que Londres redescubría, por fin, la obra que había pintado allí. Que a una grabadora elogiada por el propio Times con apenas diecinueve años le haya costado tres cuartos de siglo obtener una exposición propia a la altura de su talento dice bastante sobre cuánto tiempo puede tardar la historia del arte en separar el trabajo de una mujer del nombre de su marido.