Un artículo retenido tres meses por la censura: cómo Mercedes Formica, abogada y falangista, cambió 66 artículos del Código Civil
En 1953 denunció en ABC que una mujer acuchillada por su marido no había podido separarse sin perder casa, hijos y bienes. Su campaña terminó en la reforma de 1958.
Mercedes Formica y «El domicilio conyugal»: el artículo que cambió el Código Civil
En el verano de 1953, la prensa de Madrid recogió un suceso con un titular seco: una mujer apuñalada por su marido. Se llamaba Antonia Pernia Obrador y había intentado separarse antes, pero su abogado le advirtió de lo que perdería: la casa, los hijos y los bienes. Una abogada gaditana recién colegiada en Madrid, Mercedes Formica, escribió un artículo sobre el caso. La censura lo retuvo tres meses. El 7 de noviembre de 1953, el director de ABC, Luis Calvo, decidió publicarlo. Se titulaba «El domicilio conyugal» y cinco años después contribuiría a la reforma de 66 artículos del Código Civil. Su autora había sido dirigente de Falange. Esa combinación explica por qué hoy casi nadie la reivindica.
La «casa del marido»
El problema que denunciaba Formica venía del Código Civil de 1889, que en lo relativo a las mujeres casadas había atravesado casi sin cambios la monarquía de Alfonso XIII, la Segunda República y los primeros años del franquismo. La vivienda familiar se consideraba la casa del marido. Si una mujer pedía la separación, aunque fuera por malos tratos, tenía que abandonarla y quedaba «depositada» en casa de sus padres, de un familiar o en un convento mientras se resolvía el pleito. El marido, como cabeza de familia, conservaba el domicilio, la custodia provisional de los hijos y los bienes muebles, incluidos los que había aportado ella.
Formica proponía algo concreto: que el domicilio se considerase la casa de la familia y que el juez pudiera atribuirlo al cónyuge inocente, pensando también en la estabilidad de los hijos. En su planteamiento, el caso Pernia no era una tragedia privada, sino la consecuencia previsible de una ley que obligaba a elegir entre aguantar o perderlo todo.
Doce o diecisiete cuchilladas
Incluso el suceso de partida aparece con cifras distintas. Ethic, varios estudios sobre Formica y la prensa de la época citada por sus biógrafos hablan de doce cuchilladas; La Voz del Sur, en un reportaje de 2022, eleva la cifra a diecisiete. No hemos podido consultar el parte médico original, así que lo prudente es dejar constancia de ambas versiones.
Una falangista de primera hora
Mercedes Formica nació en Cádiz el 9 de agosto de 1913 en una familia acomodada. En el curso 1931-1932 se matriculó en Derecho en la Universidad de Sevilla, una de las primeras mujeres en hacerlo. El divorcio de sus padres, que la Biblioteca Nacional de España sitúa en 1932 y otras fuentes en 1933, dejó a su madre en una situación económica frágil, y la propia BNE ve en esa experiencia una de las raíces de su defensa de los derechos de las mujeres.
En Madrid se afilió a Falange, atraída, como otros jóvenes intelectuales de su generación, por la promesa de renovación nacional. Fue delegada del SEU, el sindicato universitario del partido, y en 1936 formó parte de su Junta política en Málaga. Tras la muerte de José Antonio Primo de Rivera se fue apartando del movimiento; según su biógrafo Miguel Soler Gallo, llegó a despachar la unificación impuesta en 1937 con una palabra despectiva: «albondigón». Terminó la carrera en 1945, publicó novelas como La ciudad perdida (1951), colaboró en ABC y abrió bufete en su domicilio madrileño, donde atendía a mujeres maltratadas.
De una columna a la prensa internacional
El artículo tuvo un efecto que quizá ni su autora esperaba. La redacción de ABC se llenó de cartas, a favor y en contra, y algunas mujeres empezaron a contar en público lo que vivían en casa. El 26 de noviembre de 1953, según Portal de Cádiz, The New York Times publicó una pieza sobre las leyes que padecían las esposas españolas y presentó a Formica como defensora de sus derechos; después se ocuparon del asunto la revista Time y el Daily Telegraph.
La campaña culminó con la ley de 24 de abril de 1958, que modificó 66 artículos del Código Civil. La «casa del marido» pasó a denominarse domicilio conyugal, el juez pudo decidir qué cónyuge permanecía en él y se suprimió el depósito de la mujer casada. El preámbulo de aquella reforma recogía una idea que tres años después citaría literalmente otra ley: que el sexo, por sí solo, no podía justificar en el Derecho civil un trato que limitara la capacidad de la mujer.
¿Un homenaje o una ironía?
La reforma se conoció como «la reformica». Según Soler Gallo, el nombre fue un juego cariñoso con su apellido ideado por su amigo, el jurista Antonio Garrigues. Otros autores lo interpretan con más malicia, como una alusión a lo limitado de los cambios. Las dos lecturas circulan, y ambas tienen parte de razón: la reforma no tocó la licencia marital ni la potestad del marido, pero abrió una grieta en un código que llevaba casi setenta años intacto en ese terreno.
El ángulo menos contado: sin sitio en ningún relato
Formica siguió trabajando dentro del sistema. Según un artículo de la revista Ayer y otro estudio sobre las mujeres en la administración de justicia, coordinó la ponencia que sirvió de base a la ley de derechos políticos, profesionales y de trabajo de la mujer de 1961, impulsada por la Sección Femenina. Y en 1962, un trabajo suyo sobre la mujer en las profesiones liberales fue retirado de un congreso por «feminista». Para las autoridades de entonces, iba demasiado lejos.
Décadas después, su pasado falangista la situó en el extremo contrario. Con motivo de su centenario, Cádiz instaló un busto suyo en la plaza del Palillero el 2 de diciembre de 2014. En octubre de 2015, el nuevo gobierno municipal lo retiró y lo trasladó a la biblioteca de la Fundación de la Mujer; una concejal explicó que no era el tipo de mujer que defendían. En 2017, en cambio, el Ayuntamiento de Madrid, también de izquierdas, le asignó una calle en sustitución de la de Caídos de la División Azul. La Biblioteca Nacional sigue mencionando esa calle, pero según Libertad Digital los tribunales anularon el cambio al entender que la División Azul, creada en 1941, quedaba fuera del periodo que regula la ley de memoria histórica. En ninguno de los dos casos el debate giró en torno a su obra.
Ella misma lo resumió al final de su vida con amargura: sentía que le habían colgado la etiqueta de fascista sin que nadie se ocupara de lo que había hecho.
Esa etiqueta ha tapado además buena parte de su obra posterior. Según la Biblioteca Nacional, en 1962 volvió a casarse tras obtener la nulidad de su primer matrimonio y se dedicó a la investigación histórica, con biografías de mujeres poco conocidas como La hija de Don Juan de Austria (1975), que obtuvo un premio de la Real Academia de la Historia. En los años ochenta empezó a escribir sus memorias y en 1987 publicó La infancia, una autobiografía novelada. También dejó ensayos sobre lo que llamaba las falsas y verdaderas formas del feminismo.
Por qué importa hoy
Mercedes Formica murió en Málaga el 22 de abril de 2002. Su artículo de 1953 fue uno de los primeros textos de la prensa española que trató la violencia dentro del matrimonio como un problema legal y público, y no como un asunto de puertas adentro. Que lo firmara una antigua dirigente falangista, en plena dictadura y en ABC, no encaja en ninguno de los relatos habituales sobre la historia de los derechos de las mujeres en España. Tal vez por eso sigue siendo más fácil discutir sobre su busto que leer su artículo.