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Una porra contra los dragones de Napoleón: qué hizo realmente Juana Galán, «la Galana», en Valdepeñas y qué es leyenda

El 6 de junio de 1808, una joven tabernera de veinte años salió a la calle a enfrentarse a la caballería francesa. Su boda y su muerte están documentadas.

✍️ Montse 📅 24 de September de 2026 ⏱ 10 min de lectura 👁 45 visitas
Una porra contra los dragones de Napoleón: qué hizo realmente Juana Galán, «la Galana», en Valdepeñas y qué es leyenda

Juana Galán, «la Galana»: una porra contra los dragones de Napoleón

El 24 de septiembre de 1812, mientras la partida guerrillera de Francisco Abad Moreno, «Chaleco», entraba en Valdepeñas celebrando que La Mancha quedaba libre de tropas francesas, una mujer de veinticuatro años moría en la misma villa tras dar a luz a su segunda hija. Se llamaba Juana María Galán Heredia y los vecinos la conocían como «la Galana». Cuatro años antes, el 6 de junio de 1808, había salido a la calle armada con una porra para enfrentarse a la caballería de Napoleón. Hoy tiene estatua en Valdepeñas, obra de teatro y un lugar fijo en cada aniversario de aquella jornada. Lo que casi nunca se cuenta es cuánto de su historia está documentado y cuánto se ha ido añadiendo con los años. Esa es la pregunta de este artículo.

Una villa de vino en mitad del Camino Real

Para entender lo que pasó hay que mirar el mapa. En 1808, Valdepeñas tenía unos 3.000 vecinos, alrededor de 8.000 habitantes, y era una de las villas más prósperas de Castilla la Nueva gracias al vino, del que era la principal productora y exportadora del país según las fuentes locales. Además, el Camino Real que unía Madrid con Andalucía atravesaba el pueblo por su calle principal. Quien quisiera llevar tropas o suministros hacia el sur tenía que pasar por allí.

Tras el levantamiento de Madrid del 2 de mayo, el general Dupont avanzaba hacia Andalucía y había dejado un depósito de intendencia en Santa Cruz de Mudela, unos quince kilómetros al sur de Valdepeñas. El 5 de junio, los vecinos de Santa Cruz atacaron a la guarnición francesa. Las cifras de bajas varían mucho según la fuente, de unos 120 a más de 200 muertos, pero todas coinciden en que los supervivientes huyeron hacia el norte. Al día siguiente llegó a Valdepeñas una columna al mando del general Louis Liger-Belair, con cerca de mil soldados según algunas crónicas, y exigió paso libre por la calle principal. Los vecinos se negaron.

6 de junio de 1808: barricadas, clavos y aceite hirviendo

La defensa fue improvisada. Según La Voz de Tomelloso y Lanza Digital, los vecinos levantaron barricadas con carros, muebles y toneles, y enterraron clavos y objetos punzantes en el suelo para derribar a los caballos. Desde las ventanas y los tejados arrojaron agua y aceite hirviendo, tejas y todo lo que tenían a mano. Las armas eran escopetas de caza, navajas, hoces y aperos de labranza. Varias fuentes señalan que a los niños, los ancianos y los enfermos se les ocultó en las bodegas, que en una villa vinícola no faltaban.

Los dragones franceses cargaron por la calle principal y, según los relatos, cayeron en las trampas. Liger-Belair repitió la carga con el mismo resultado. Entonces cambió de táctica: ordenó entrar por los flancos y prender fuego a las casas. La Wikipedia en español, que sigue la historiografía local, añade que situó soldados en las salidas del pueblo para disparar contra quienes huían de las llamas.

La Galana en la calle

En ese escenario aparece Juana Galán. Tenía veinte años y era la mayor de siete hermanos de una familia que regentaba una casa con fonda y taberna a la entrada de la villa, un lugar por el que pasaban arrieros, viajeros y noticias. Por eso varias fuentes la describen como «la mujer mejor informada» del pueblo, aunque esa etiqueta suena más a deducción posterior que a testimonio de la época. Las fuentes coinciden en lo esencial: animó a otras mujeres a defender la villa desde las ventanas y ella misma salió a luchar cuerpo a cuerpo con una porra o una estaca contra los jinetes franceses. Una de ellas, citada por Yahoo Noticias, añade que lideró uno de los grupos de vecinos y daba instrucciones a gritos mientras golpeaba. Es la imagen que recoge su estatua.

Lo que dicen los papeles, y las cifras que no cuadran

Aquí la historia se complica. La jornada terminó con una tregua, pero no hay acuerdo sobre casi ningún número. Sobre las casas incendiadas, la cifra más repetida es la de 500, la que dan la Wikipedia en español y buena parte de la prensa regional. En cambio, un relato del siglo XIX reproducido en 2008 por una web local de Valdepeñas habla de «más de ochenta» casas destruidas por el fuego. La diferencia es enorme y ninguna de las fuentes consultadas explica de dónde sale cada cifra.

Con las bajas ocurre algo parecido. Algunas webs de divulgación militar atribuyen a los franceses 305 muertos y 47 heridos, una cifra muy alta para una columna de unos mil hombres y que no hemos podido contrastar con una fuente independiente. Del lado español hay un dato más sólido: según el archivo parroquial de la iglesia de la Asunción, citado en un estudio local, hubo treinta y cuatro fallecidos, veintiocho de ellos valdepeñeros, incluidos tres niños. Es una cifra menor que la que sugieren los relatos más épicos, pero es la única que procede de un registro de la época.

¿Quién pidió la tregua?

Tampoco está claro quién negoció el final. Unas fuentes dicen que fue Liger-Belair quien, incapaz de cruzar el pueblo, pidió la tregua y envió al teniente Maurice de Tascher al Ayuntamiento. Otras, siguiendo el relato decimonónico citado arriba, afirman que fueron los vecinos principales los que se presentaron ante el general pidiendo capitulación. Hay incluso un detalle poco heroico: según esa misma versión, al buscar al alcalde para negociar no lo encontraron, porque se había escondido en un cañaveral. Y otra fuente sostiene que la víspera los responsables de la Junta de Defensa habían huido. Lo que sí coincide en todas las versiones es el resultado: los franceses no cruzaron Valdepeñas por el Camino Real y Liger-Belair retrocedió hasta Madridejos.

Muchas fuentes locales afirman que ese retraso fue decisivo para la victoria española en Bailén, el 19 de julio de 1808. Es una idea razonable, porque Dupont se quedó sin refuerzos y sin comunicaciones seguras con Madrid durante semanas, pero conviene presentarla como lo que es: una interpretación. Valdepeñas fue uno de varios golpes que desgastaron a los franceses antes de Bailén, no la única causa de aquella derrota.

El ángulo menos contado: la mujer real frente a la leyenda

De la vida de Juana Galán después de 1808 se sabe poco, pero lo poco que se sabe está bien documentado. Según la Wikipedia en español, el Ayuntamiento de Valdepeñas conserva copias de sus partidas de bautismo, matrimonio y defunción. Nació el 25 de octubre de 1787. Se casó el 2 de mayo de 1810, justo dos años después del levantamiento de Madrid, con Bartolomé Ruiz de Lerma, vecino de Valdepeñas. Tuvieron dos hijas. Murió el 24 de septiembre de 1812 a consecuencia del segundo parto, el mismo día en que Chaleco entraba en la villa. No llegó a ver el final de la guerra.

Todo lo demás pertenece a la tradición oral, y es aquí donde su figura ha crecido más. La primera leyenda dice que enloqueció después de la batalla porque nadie le reconoció lo que había hecho. La recogen Vozpópuli y la Wikipedia en español, pero ambas la presentan como algo que «cuenta la leyenda» o que se le atribuye popularmente, sin ningún documento que la respalde. Resulta difícil de encajar con lo que sí consta: dos años después se casó y formó una familia.

La segunda leyenda le atribuye un romance con Chaleco, el guerrillero valdepeñero que perdió a su madre y a su hermano en la jornada del 6 de junio y llegó a mandar una partida de unos 400 hombres. La tercera, todavía más novelesca, cuenta que Juana se enfrentó a Agustina de Aragón por el amor de ese mismo guerrillero. La Brújula Verde recoge ambas como leyendas. Hay un detalle que quizá explique su origen: según algunas biografías de Agustina de Aragón, la heroína de Zaragoza combatió durante un tiempo con la partida de Chaleco. Es posible que la coincidencia de nombres en torno a un mismo guerrillero alimentara con los años una historia de rivalidad sin base documental.

Hay una última duda que casi nadie señala. Una fuente de prensa regional incluye a Juana Galán entre los diez miembros de la Junta local de defensa, junto al cura, un contrabandista, un mercader y el propio Chaleco. Otras fuentes describen esa Junta sin mencionarla, y alguna afirma incluso que sus miembros huyeron antes del combate. Con lo que hoy está publicado, no se puede afirmar que formara parte de ella.

Por qué importa hoy

En 1823, Fernando VII visitó Valdepeñas y reconoció a la villa el título de «Muy Heroica», que se oficializó el 29 de enero de 1895 y todavía figura en su escudo. Juana Galán se convirtió con el tiempo en el símbolo de aquella jornada: estatua, calles, recreaciones teatrales en el bicentenario de 2008 y un espectáculo de teatro y danza dedicado a ella. Sin embargo, fuera de Castilla-La Mancha sigue siendo mucho menos conocida que Agustina de Aragón o Manuela Malasaña.

Separar documento y leyenda no le quita nada. Lo acreditado es suficiente: una joven de veinte años, hija de taberneros, que salió a la calle en una villa sin tropas regulares, en una jornada en la que murieron vecinos, entre ellos niños, y ardieron casas. Dos años después se casó y a los veinticuatro murió de parto, como tantas mujeres de su tiempo. La pregunta que deja abierta su historia es cuántas vecinas lucharon aquel día desde las ventanas de Valdepeñas y no tuvieron un apodo que las hiciera recordar.

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